El burkini y los valores de Occidente

Durante los últimos días estamos asistiendo a un debate que uno no sabe si calificarlo como de superficial o profundo. De accesorio o necesario. De religioso o laico. De esencial o simplemente prescindible. En el ojo del huracán el burkini.

Haciendo una breve reseña histórica sobre el origen de la prenda en cuestión apuntar que el particular traje de baño nace en Australia en 2003 cuando la diseñadora en cuestión vendió 9.000 unidades en su primer mes de vida. En algún lugar de internet apuntan que a un precio de 100 euros la unidad. Imagino que ahora la industria habrá llegado hasta los mercadillos. Pero esto no lo tengo constatado.

¿En que consiste la prenda en cuestión? Ya se pueden imaginar de donde procede su nombre comercial. Juntamos burka y bikini … Físicamente se trata de un traje de baño largo que deja a la vista cara, pies y manos, aunque un pequeño recorrido para observar los diversos modelos existentes hay variables. Mangas cortas, pantalones como mallas muy similares a los que puedan llevar los surferos, con capucha o sin ella, y toda la variación de colores del esprecto cromático habitual. Desde la oscuridad del negro al puro fosforito.

La impresión general sería en muchos casos como la de los trajes de neopreno utilizados para diversas actividades acuáticas.

La polémica salta cuando varias localidades costeras francesas han prohibido su exhibición en lugares públicos. Especial notoriedad ha tenido el bando el alcalde de Cannes. David Lisnard, que ese es su nombre, y que cierra su bando con la siguiente conclusión:

“El acceso a las zonas de baño estará prohibido para quienes no lleven un traje de baño correcto, respetuoso con la buena moral y la laicidad, respetuoso con las reglas de higiene y la seguridad. Además, cualquier vestimenta que tenga connotaciones que vayan en contra de estos principios también estará prohibida.”

Además durante el fin de semana saltó la noticia de un altercado público en la isla de Córcega con el burkini como desencadenante. En realidad la refriega nació cuando unos turistas fotografiaron a un grupo de mujeres magrebíes que se bañaban en una pequeña cala en la localidad de Sisco.

Por ahí se mezclaron corsos digamos que de pura cepa, que salieron en defensa de los turistas, y la cosa acabó con varios heridos y una manifestación.

El debate está en primera línea de la opinión pública francesa y europea. Políticos, intelectuales, opinadores o simplemente escribidores manejan tesis que van desde el apoyo de las medidas al radical rechazo.

Sin ir más lejos el propio primer ministro francés Manuel Valls ha manifestado en una entrevista en el diario La Provence que el bañador islámico, que cubre todo el cuerpo y el cabello, “no es compatible con los valores de Francia y de la República” y por ello “entiende” a los regidores de Cannes y otras ciudades costeras que lo han vetado para evitar altercados.

No es necesario mencionar el estado de excepcionalidad que vive Francia desde hace meses. Y sin perder ni un centímetro de esa excepciolidad por mi parte, creo que el problema no puede bajar a la arena del burkini. Lo que se defiende desde el plano de los valores de Occidente es precisamente todo lo contrario. Inflexibles y agresivos para mantener un modo de vida que tantos desastres y siglos nos ha costado alcanzar. La libertad individual como punta de lanza para aquellos que quieran imponer a los demás usos y costumbres. Sociales o religiosas. Con largas barbas, burkas, niqabs, pañuelos, crucifijos, guayabas o estilosas corbatas. A mí personalmente me da lo mismo el aspecto exterior del asunto.

No se trata de cimentar la tesis de los integristas occidentales que argumentan medidas prohibicionistas sobre un exceso de buenismo desde los países desarrollados de Occidente. Y tampoco permitir que nadie venga a Europa a imponer por sus santos huevos cualquier barbaridad.

El problema es de gran magnitud, y me niego a aceptar simplificaciones al respecto. La complejidad del problema integrista en Europa tiene muchas teclas que manejar. También es cierto que alguna menos que el mismo problema en países de tradición islámica.

Desde los errores de integración en la Europa de la postguerra. Ya no de las primeras generaciones que acudieron a países como Francia, Alemania o por ejemplo Gran Bretaña para levantar la ruina que nosotros mismo nos causamos. El problema son sus hijos o sus nietos.

Al fondo Oriente Medio como detonador de gran parte del asunto. Dentro del tablero de intereses discutido por allí durante décadas podríamos convenir que la intervención de los pasises occidentales es por lo menos discutible. Desde el original reparto del asunto, a la posterior gestión de la lucha de intereses. Destruyendo y alzando dictadorzuelos que te arreglan un problema y te generaban otros dos. Y así ininterrumpidamente.

Tan complejo y matizable que resumirlo en dos párrafos me da hasta vergüenza.

Regresando al Burkini, y leyendo el bando de Monsieur Lisnard. A mí personalmente me agreden algunas consideraciones.

Lo de “un traje de baño correcto, respetuoso con la buena moral”, me suena a consideraciones de otro tiempo. Quizá cuando desde cuando en España andábamos dando con el crucifijo en la cabeza a todo lo que no se ajustaba al guion establecido. Subjetivo, y por lo tanto peligroso. Tan aplicable al burkini como a los calcetines blancos para entrar a cenar en un estiloso y carísimo restaurante de mismo Cannes.

Lo de la laicidad como valor enfrentándose al sentido religioso tampoco me fascina. Hasta ahora la laicidad había servido a los pueblos para no dejarse manejar por los regímenes religiosos. O, simplemente para apartar de sus leyes cualquier matiz originado en aquel tiempo donde clero e iglesia pinchaba y cortaba para mantener un status o una ventaja adquirida y prolongada en el tiempo. Se combatía para eso y no para que cada cual en privado o en lugares públicos profese lo que le apetezca.

Desde luego que todo esto es muy matizable. Uno no es que profese nada en especial, me limito a respetar cualquier tipo de credo que no agreda al prójimo en su práctica. Simplemene me asusa el planteamiento de la laicidad como un movimiento religioso en si mismo.

Pasando a las alusiones a la higiene, pues que quieren que les diga. Entre la risa y la indignación. Casi el mismo enfoque que los que prohíben el nudismo. Unos por exceso y otros por defecto.

La alusión a la seguridad admite muchas variables. Uno nunca sabe como prevenir algo que no se espera en un lugar que jamás ocurrió. Pero vamos si nos preocupamos de un bañador de pieza única en las playas por lo que pueda ocultar, no me quiero imaginar otro tipo de variables más invernales.

Y por último lo de el respeto a los valores de la república, pues que quieren que les diga. No sé si se refiere a los valores de la libertad, igualdad y fraternidad de la I República francesa, o a V que instaurara De Gaulle en 1958.

Imagino que dentro de eso valores, y regresando a Córcega donde surgió el problema este fin de semana y que además pasa por obtener el record francés de ataques anti-musulmanes en toda Francia durante los últimos años.

Esos mismos valores imagino que fueron los que impulsaron al general De Gaulle cuando expropió tierras agrícolas a los autóctonos en los años sesenta para entregarlas a los ‘pieds noirs’ expulsados de Argelia que, a su vez, contrataron mano de obra del Magreb ante la negativa de los corsos a trabajar como peones en sus antiguas propiedades.

Lamentablemente todo más complejo que un simple burkini. Y mucho cuidado que por aquí somos especialistas en solucionar un problema para crearnos dos. O peor, crear un problema donde no existía.

No se sí sería oportuno rescatar la utópica contestación del Mayo del 68 a la V República Francesa con el Prohibido Prohibir. Yo simplemente les invitaría a los que deben y pueden, que le den una pensada al asunto. No vaya ser que tratemos de apagar el fuego con gasolina.

Lo mismo habría que concentrarse en defender a las mujeres musulmanas que quieran ponerse un bikini, un triquini, un tradicional bañador de pieza única o simplemente nada, y alguien en su entorno no les deje. Yo pensaba que eso es lo que a Occidente le hace fuerte.

A lo mejor, Occidente ya no es lo que era. Quizá lo que pensaba, ya no lo pienso.

Anuncios

Un comentario en “El burkini y los valores de Occidente

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s