Trilogía Olímpica. Rio 2016. Capítulo 2 – El más tonto de Rio 2016

Y voy a abundar en la historia de un idiota laureado en varios Juegos Olimpicos. Sobre este particular, consulto  el medallero y me arroja a Ryan Lockte como el indiscutible ganador de la medalla de oro.

Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y ahora Rio han asistido a sus hazañas olímpicas. A la sombra de Michael Phelps el excéntrico nadador ha construido un palmarés con medallas de todos los colores en cualquier cita de importancia.

Pero se confirma que un gran deportista puede ser un idiota integral. No porque durante el desarrollo de una competición olímpica alguien se salga de tiesto para celebrar u olvidar lo que sea. Esto ya es terreno conocido y asumido.

Desde un punto de vista absolutamente aséptico se puede entender que cuando se junta, juventud, libertad, éxito, dinero, la liberación del trabajo realizado, un ambiente proclive y esa sensación de convivencia entre deportistas que se crea en los Juegos Olímpicos, con todo eso, o sólo con algunas de esas cosas, tenemos el caldo de cultivo perfecto para que produzcan digamos que este tipo de exaltaciones humanas de alegría de los dioses del Olimpo.

Vamos que parto de la base que el deportista es humano y como tal la juerga forma parte del asunto. Luego su responsabilidad la colocará en el momento más oportuno para que no afecte a lo que se deriva de su profesión. Pero una juerga a tiempo nunca vino mal a nadie. Me refiero a juergas dentro de un orden quiero que se entiende. Si entramos en enjambres traninspotineros, pues… Vamos harina de otro costal.

Pero una cosa es la juerga, y otra la estupidez, la idiotez apoyada en la exaltación del palurdismo yankee más tópico.

En resumen, el taxi que regresaba con los jóvenes nadadores digamos que pelín alcoholizados se para en una gasolinera cerca de la residencia olímpica. Allí la situación se va de madre. Orinan en la calle, rompen espejos, jaboneros y la propia puerta del baño, y arrancaron alguna placa del puesto.

Los trabajadores de seguridad de la gasolinera tratan de resolver la situación de un modo civilizado. Es decir, que se paguen los desperfectos antes de que llegara la policía. Como la situación lejos de resolverse subía de tono uno de los guardias sacó un arma para retenerlos hasta que llegara la policía. Tras alguna que otra peripecia temeraria el conflicto acabó resolviéndose con dinero: 100 reales (31 dólares) y una multa de 20 dólares. Ridícula cantidad por otro lado.

Hasta aquí digamos que por España en algunos lugares de costa podemos definir como un pedo de guiris que se va de madre. O porque no, de adolescentes patrios que dan salida a su absurda adrenalina normalmente anegados de alcohol y sustancias varias.

 

El problema no es que tras el éxito o el fracaso tengamos algo que celebrar u olvidar.  Puede ocurrir que simplemente algún patoso complique el evento.

Lo que retrata al ilustre nadador es su versión adolescente del asunto. Bueno adolescente, simple, interesada, estúpida, boba, simple y posiblemente delictiva.

En su versión inicial de los hechos olvida los actos de vandalismo que provocaron el asunto, habla de falsos policías armados, de robo, y según la declaración extraída del taxista brasileño que conducía la kunda olímpica parece ser que alguien quería tapar la noche movidita por aquello que su famosa novia no sospechara el escarceo del que la noche la confunde.

Lo peor de todo no es mentir. Lo indignante es plantear su excusa que podría firmar el mismísimo Hommer Simpson anegado de cervezas sliendo del bar de Moe’s.

Piensa que cualquiera pudiera tragar con un atraco a punta de pistola en Rio. Aprovechamos la imagen bananera de un país seguramente con muchos defectos, pero con policías, jueces y cámaras de seguridad y testigos presenciales como el propio taxista que desmienten la gran mentira.

Descubierto el caballero ha pedidos disculpas en varios tonos. Primero en una versión sesgada desde Twiter, y posteriormente una versión ampliada más reconocible.

Ahora la justicia brasileña estudia llamarle para declarar acusándole de algunos delitos.

 

Para concluir con el episodio una simple reflexión. Imaginen esta misma situación en una gasolinera a las afueras de Atlanta. Piensen por ejemplo en el equipo de vóley de Brasil con mayoría de jugadores negros… Aquí lo dejo para que cada cual le ponga fin a esta historia ficticia.

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