Trilogía Olímpica. Rio 2016. Capítulo 3 – ¿Para qué sirven los Juegos Olímpicos?

Sobre la utilidad de un acontecimiento deportivo de carácter mundial de estas característica hay mucha literatura. Desde la frialdad de los número económicos hasta las morales, sociales y políticas derivadas del indudable efecto escaparate de un evento que concita los ojos de buena parte del planeta.

Económicamente indudablemente durante los días del evento se mueve dinero, luego hay teorías de más y menos fuste sobre la rentabilidad de las infraestructuras creadas para la ocasión. En algunos casos hemos visto como ciudades como Barcelona proyectaron lo invertido para su propio desarrollo, y otras sedes dejaron esa inversión bajo el largo paragüas de la rentabilidad a largo plazo.

Este aspecto no me interesa demasiado. La verdad. Los intereses económicos y réditos a largo tiempo son aspectos que no se pueden medir con números. La economía lejos de lo que piensa mucha gente es una ciencia social que se justifica con la exactitud de los números. Depende quien te lo cuente puede hacerte ver que falta o que sobra.

Siempre me ha interesado mucho más el efecto escaparate. Ese mensaje del héroe deportivo que lanza la mundo para gritar algo.

Desde Jesse Owens en Berlin 1936. Cuando delante de los jefazos nazis derrotó en cuatro pruebas a los mejores atletas arios. Un negro más fuerte, más rápido y más alto (de la voz latina altius, fortius, citius). La superioridad de la raza en entredicho.

Los boicots de políticos donde la protesta partía de no presencia. Los Juegos de 1956 en Melbourne en 1956 tras la invasión de Hungría por los soviéticos. La ausencia de los EE.UU. y algún país aliado más en Moscú 1980 en protesta por la invasión de Afganistán. La devolución de la moneda en Los Angeles en 1984 del grupo soviético.

La aparición de países nuevos tras la Perestroika soviética, o la fragmentación balcánica.

El grito de África de Abebe Bikila cuando asombró al mundo ganando el maratón de Roma descalzo en 1960.

 

Y por terminar con el rápido escaneo de las 30 ediciones precedentes a Rio 2016 seguramente competiría en la cumbre con el fenómeno Owens de Berlín en 1936 lo ocurrido en México en 1968. Además de un mar de fondo de movimiento social interno la reivindicación de los atletas negros de EE.UU. denunciaban al mundo la segregación que sufrían en su propio país. Era la época de Martin Luther King, de Malcom X y sus Panteras Negras. Entonces los medallistas negros estadounidenses subían al podio a recoger las medallas enfundándose un guante negro y levantando el puño para denunciar al mundo la barbarie que presumía de encabezar el mundo libre.

En Río 2016, el momento álgido en este sentido la protagonizó el atleta etíope Feyisa Lilesa. Segundo en la meta cruzó sus brazos en forma de X.

¿De dónde viene este gesto?

La “x” se ha vuelto común en la movilizaciones del grupo étnico Oromo, compuesto por más de 35 millones de personas, que ha protagonizado protestas contra el gobierno de Etiopía en los últimos meses.

Y de acuerdo con la organización defensora de los derechos humanos Human Rights Watch, las fuerzas de seguridad han matado a más de 400 manifestantes de esa etnia.

Ahora el atleta no quiere volver a su país porque teme por su vida. Y de paso quiere sacar a su familia del país.

Las autoridades etíopes, sin embargo, niegan las acusaciones. Y también afirman que Lilesa sería recibido como un héroe de regresar al país.

Los medios de comunicación estatales, sin embargo, no están mostrando las imágenes del atleta cruzando la meta. Además según la agencia de noticias AP muchos de los que estaban viendo el maratón en vivo en Etiopía apoyando a Lilesa, enmudecieron cuando vieron el gesto.

En definitiva, los Juegos Olímpicos vuelven a mostrar al mundo el completo espejo donde todos deberíamos mirarnos. Sobre todo deporte pero no sólo eso. El escaparate mundial que en esta edición tuvo su momento álgido en la maratón. Igual que lo corrió el soldado griego Filípedes desde la ciudad de Maratón a Atenas para anunciar a sus ciudadanos de la victoria sobre los persas en el año 490 a. C. Entonces como ahora lo importante no es correr mucho, ni siquiera más. Es disfrutar del camino y saber dónde uno quiere llegar. A Filípedes le costó la vida. Espero que Lilesa, su familia y su etnia encuentren en la denuncia el inicio de la mejor solución para todos.

Lamentablemente y tratándose de África me huelo que esto es el final de esta trilogía sobre los Juegos. Un final de buenos deseos condenada a enfrentarse con la tiranía de un continente aún olvidado y a efeméride de un tiempo donde una noticia tapa a la siguiente y que anula la reflexión. En cualquier caso, Lilesa quedará para la historia. Y eso ya no lo borra nadie.

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