Paquita Salas, entre Carmina y el color de Almodóvar

Lo moderno es micro. El minimalismo elude la riqueza del adorno, y siempre ha sido más barato. También puede ser genial. Algo micro puede tener mucho más contenido que su equivalente en macro. Lo micro no es bueno en sí mismo. Digamos que es concentrado y además una tendencia. Un signo de nuestro tiempo. Un empeño conceptual y físico de empotrar todo lo que tienes en el armario que te puedes permitir. Da igual que cuentes con 140 caracteres para escribir, 2 minutos de video, 10 minutos en tv o una cajonera de 3x14x16. Ahí por ejemplo te cabe el número Pi. Lo difícil es tener algo que contar.

Pero es cierto que lo micro puede ser también vacío, poco original, aburrido, torpe, zafio, insípido, incoloro… No es el caso.

Como uno no escribe de lo que no tiene contenido me apetece juntar unas pocas palabras para hablar de Paquita Salas. ¿Qué es Paquita Salas?

Se trata de una creación que nace como una broma. Los creadores Javier Calvo y Javier Ambrossi estaban en su casa con el actor Brays Efe y la actriz Anna Castillo. Fabulando lanzan a la red de Instagram un video que es el germen del asunto.

Paquita Salas, representante de actores. Enérgica, gritona, visceral, profesional y cincuentona vive su profesión con pasión. No le importa haber conocido tiempos mejores. Vivir el presente es la mejor idea que tiene para disfrutar la vida. Con constantes referencias a sus éxitos del pasado, imagino que forma parte del argumento para vender su trayectoria.

Historia endogámica del “artisteo”. Historia puede estar inspirada en alguien, quizá en la mezcla de dos, o simplemente la exageración de algún personaje del entorno. Vamos nada nuevo en el particular universo de los creadores. Tomas una historia real y la cuentas, la giras y la retuerces para contar lo que cada uno ve, imagina o le gustaría que fuera.

El éxito del micro-relato de Instagram, les impulsó para crear un capítulo, lo estrenaron en los cines Callao y en apenas semanas sumaron miles de reproducciones a través de la plataforma de Atresmedia Flooxer. El 26 de agosto se estrenó en Neox, y para septiembre se podrán ver los capítulos que completen la primera temporada.

Hace semanas me llegó la onda de la serie de la que todo el mundo hablaba en la red. Entonces, traté de verla, y me encontré con el anuncio de su salto a la televisión. EN aquel momento fue imposible ver el capítulo completo. Imagino que alguien lo retiró temporalmente por aquello de potenciar los números en su estreno televisivo.

Ya después de su estreno en Tv, flooxer la ha vuelto a colgar para que el personal lo deguste. Y por aquí van mis impresiones.

EL primer capítulo lo podríamos definir como un capítulo cerrado. Como si estuviera concebido para contar una historia con su presentación, nudo y desenlace que viene a ser algo así como un “la vida sigue”. La estructura es perfectamente válida para contemplar la posibilidad de que no habrá segundo capítulo dejando las puertas abiertas para desarrollar los personajes hasta el infinito. Naturalmente con los ilustres cameos que se anuncian en los próximos capítulos. Eduardo Casanova, Berta Collado, Ana Millán, Maxi Iglesias, Macarena García o Andrés Pajares son sólo algunos de los más de 80  que reúne la serie.

La presentación de los personajes principales trazan firmemente los caracteres de cada uno. Paquita Salas es una representante de actores. Parece ser que vivió tiempos mejores sin que ella termine de mostrar que no está en su mejor momento. De la vida real extrae la representación de Macarena García. Su gran y única estrella. Y por lo que se muestra, apenas en un capítulo de algo menos de media hora, sus otros representados están en esa fase a medio camino entre hacerse un camino y hacer lo que sea para simplemente aparecer. (Microteatro, apariciones en series, apariciones en alguna película de segunda fila y un par de docenas de Pasapalabras.) Por otro lado, justo donde se encuentran la gran parte de los actores. Esperando la gran oportunidad dando por bien empleado su aparición en lo que sea, por aquello de que no te arrastre la corriente.

Vivimos en el país de los becarios, de hacer méritos, de sembrar para recoger, y de tres millones de situaciones similares que lamentablemente en muchos casos permiten que muchos e ganen el pan con el sudor del de enfrente. En algunos sectores esta práctica está aceptada, en otras menos, y en alguna forma parte del adn de esa progresión.

Bien pensado, hablo de actores y casi lo podía ampliar a personas concretos que todos tenemos en nuestro entorno y que sueñan con desarrollarse en tantas profesiones mientras sortean su día a día trabajando en algo que les da para pelear las obligaciones de cada cual el día 1 de cada mes. Unos siguen soñando, otros ya se les ha olvidado abrazando la resignación.

Paquita Salas no se resigna. Lucha por ella y por los suyos. Y disfruta la vida sin plantearse todo este tipo de cosas.

La energía y determinación de Paquita se opone al carácter de la fiel Magüi, su secretaria. Insegura, tierna, supuestamente más cabal, y que convive con el impulso de su jefa desde el contrapunto de una mesura tímida pero leal. Imperfecta hasta en la gestión de la relación con los medios. Alguien que pierde correos importantes por obra y gracia de la carpeta de spam no hace sino reflejar el retrato de una generación que se ha visto atropellada por la revolución tecnológica. Un retrato social de primer orden. Una generación que podríamos situar por poner una frontera en los mayores de 40 años, que se han subido al caballo tecnológico sobre la marcha. Y que han aprendido a golpe de necesidad, carencias y errores.

Otro de los personajes es el mensajero. Entra y sale por la oficina, mientras tontea con Magüi lo mismo sirve para apretar un tornillo suelto que aporta sugerencias sobre itinerarios y tickets por internet. Y lo más importante, en el primer capítulo, descubre la carpeta de Spam del correo electrónico de Paquita Salas Management a la inexperta MagÚi . Por allí aparecen emails que supuestamente nunca llegaron y deberían ser leídos. La trama se desarrolla bajo las coordenadas de ese punto. Alguien debiera saber, pero no sabe, o se entera tarde. Vamos un drama en el mundo actual, donde la comunicación digital es en el mejor de los casos complementaria a la presencial.

 

Paquita Salas es interpretada por el actor Brays Efe. Pero el entramado de personajes sacados de la vida real, el vestuario, peluquería le da al capítulo un aire de realidad petarda muy verosímil. El entorno no delata a un personaje travestido. Simplemente una señora metida en los cincuenta con un modo peculiar de afrontar la vida.

Espero los siguientes capítulos para ver hasta dónde llega mientras leo los datos de audiencia del estreno televisivo en Neox. Apenas un 1.2% de share lo que ese día supuso 158.000 espectadores. Por debajo de la media del canal ese día. Al mismo tiempo volvía a ser trendic topic en las redes.

Las fechas no eran las más adecuadas, eso vaya por delante, pero se abre una reflexión sobre los espectadores y los nuevos tiempos que soplan.  El personal va girando sobre usos y costumbres televisivos. La tendencia hacia los contenidos on-line, off-line, al diferido, a ver lo que quieras, cuando quieras va ganando adeptos, pero el salto a lo que los antiguos llamaban la pequeña pantalla en una programación definida está en proceso.

Quizá los juicios no se tengan que hacer desde el punto de vista clásico. LA Tv es quizá una pantalla más, en este caso casi complementaria para acceder al contenido. Y su impacto habrá que medirlo uniendo todas las plataformas hasta llegar a las propias redes sociales. Twiter y Facebook ya tienen cuentas de la serie con gran movimiento, y en twiter  funciona hasta el hashtag #askpaquita como consultorio de fans.

Para aquellos que utilizan la manidos tópicos sobre donativos gubernamentales a la industria varios tirones de oreja. Aparte de que estamos hablando de una mentira repetida mil veces y por eso en muchas conversaciones aparece como axioma sin dudar leo un artículo que me compara el ejercicio de un año completo con lo que pasa en Italia, Francia, Reino Unido y sorpréndase EE.UU. Saben por ejemplo que las subvención que dio la ciudad de Nueva York a El lobo de Wall Street fue de 30 millones de dolares. Algo menos que la mitad que el estado presupuestó para todo el ejercicio de 2016. Lo digo por si alguno tiene este dato en su carpeta de Spam.

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