Casi Héroes (III). La otra historia de los Mundiales de fútbol. EEUU 1994 e Italia 1990

Estados Unidos 1994

El mundial norteamericano abría el mercado futbolero al país más poderoso del mundo. Brasil e Italia protagonizaron una de las finales más rácanas de la historia aunque el desenlace desde el punto de penalti disparó la euforia de los afortunados ante el desconsuelo de los que remaron para morir en la orilla. Fue el Mundial de Romario y Bebeto, de la irrupción del doble pivote brasileño, del cambio de estilo de los que presumían del “jogo bonito”.

El éxito del destino final se desentiende de la belleza del camino, y muchos críticos de la actualidad señalan este éxito como el principio de todos los males de crisis posteriores. Imagino que igual de ventajista  encumbrar los héroes del momento como culpabilizarles del fracaso del futuro.

Como estamos hablando de lo que pasó en aquel verano estadounidense la imagen del casi héroe, del que tuvo la suerte de un país como Italia a sus pies fue Roberto Baggio.

Los azzuros, que tradicionalmente habían tenido menos remilgos para festejar un título se plantaron en las semifinales regateando todo los obstáculos del camino. Fue la “scuadra” de Arrigo Sacchi, el creador del gran Milán de los holandeses, de Berlusconi, y de la presión asfixiante que estrangulaba los espacios de las estrellas de los oponentes.

Aquel penalti del gran Baggio que envió por encima del larguero y se fue a la luna dejó la imagen del campeonato. Roberto se quedó con los brazos en jarra lamentando su “porca miseria” y el regalo que el destino le tenía reservado. Hasta entonces fue el toque de distinción, la pieza que había que encajar dentro de un sistema definido.

La senda del gran Paolo Rossi en España 82 estaba en el ambiente. Inadvertido en la primera fase, derribó a Nigeria con dos goles en octavos. Decisivo en el descuento de cuartos contra España en un contra-ataque demoledor, regate a Zubizarreta poniendo el balón en un lugar inalcanzable para la desesperada carrera del zaguero Abelardo. En semis, otros dos goles a Bulgaria, e Italia se plantó en la final, y Baggio en el umbral de la gloria. Entonces el error del quinto penalti le dejó justo en ese punto. Y Rossi quedó en la cielo más azurro que nunca  y Robbie Baggio se quemó en el infierno.

En semifinales se quedó la mejor Bulgaria de la historia. Un equipo equilibrado en todas las líneas desde Yordan Lechkov a Kostadivov, de Sirakov a Boriminov, de Kiriakov a Balakov, el equipo daba hasta para la ausencia del distinguido Lubo Penev. El jefe era Hristo Stoichkov, indiscutible. Gol, rapidez, experiencia, un ganador nato que jugaba con su carácter indomable para duplicar su potencial o simplemente ahogarlo de pura mala uva.

Bulgaria inició con un derrota incontestable ante las águilas verdes nigerianas.  A partir de ese momento Stoichkov lideró un campeonato ejemplar. Apabullaron a Grecia y derrotaron a Argentina. Los octavos de final tuvieron que derrotar a los “locales” mexicanos en Nueva York, y en cuartos se cargaron a los campeones alemanes. En semifinales, Baggio les comunicó con dos tantos que hasta aquí llegaba la hazaña y las puertas del paraíso cerradas para mejor ocasión.

Aquel junio-julio norteamericano presenció la última gran actuación de la selección de Suecia en un Mundial. A la cabeza un joven delantero, Thomas Brolin, que cuajó un campeonato impresionante y que confirmaba el nivel que estaba dando en el Parma. Brolin estaba bien acompañado de jugadores con más contraste como Thomas Dhalin o Keneth Anderson, aunque también llegaban los prometedores Henrik Larsson y Thomas Blomquist.

Suecia estuvo imbatida hasta que en las semifinales cedió ante Romario. El primer duelo con los cariocas en la fase de grupos terminó en empate. Su gran logro fue cargarse a los rumanos en cuartos de final. Aparentemente Rumania puede sonar a poca hazaña con el juicio del tiempo, pero poco me equivoco si aseguro que aquella selección rumana practicó el mejor futbol aquel verano. Alguno de sus goles pasará a la historia de este mundial. Si tienen un hueco recuerden el gol de Hagi a Colombia. Youtube es muy grande para estas cosas.

Hagi fue el maestro rumano que guio a una selección de jugadores contrastados en los mejores clubes europeos. Petrescu, Belodedici, Radociou, Dumitrescu, Popescu,… entre otros.

Hagi era el ritmo, el verso libre, el que ponía un pase  preciso en el espacio menos esperado, o el que soltaba su seco zurdazo en parábola que dejaba atónito al portero más avezado. Dentro de una trayectoria notable aquel 1994 pintaba muy bien. Los octavos de final frente a Argentina con victoria europea por 3 a 2 fue el mejor partido del campeonato de largo. Ya en cuartos de final solo los penaltis frente a una Suecia que venía alerta del peligro amarillo dejó los sueños de toda una generación al borde de la historia.

Otros nombres ilustres que vieron sus nombres oscurecidos por que la suerte de sus equipos no prosperó a mayores cotas fue por ejemplo el español Caminero, que en cuartos logró empatar a Italia un partido memorable para luego caer cruelmente en la recta final del encuentro. O el ruso Oleg Salenko que pasó al anecdotario de los mundiales al anotar cinco goles a Camerún en un encuentro testimonial con los dos equipos ya eliminados en la última jornada de la fase de grupos.

Italia 1990

El Mundial que daba comienzo a la década fue un Mundial de mundiales. En una de las patrias del fútbol, del Calcio se distinguió por incluir un buen ramillete de duelos históricos. La revancha de la final del mundial precedente disputado en México. En esta ocasión con victoria para Alemania frente a Argentina. Las semifinales entre las históricas Alemania e Inglaterra. EL resultado final dio rienda suelta al ya histórico aforismo futbolístico firmado por Gary Lineker: “El fútbol es un juego de 11 contra 11 y siempre gana Alemania”. En la otra semifinal de Nápoles. Argentina e Italia dividían una nación. Maradona pitado en ¿Nápoles? La victoria de Argentina fue el principio del fin del Dios Argentino en Italia. Después de aquello comenzó la caída.

Pero en octavos, Argentina se ventiló a los brasileños de Alemao y Careca, merced a una combinación entre Maradona y Cannigia, y por ejemplo Alemania se cargó a la campeona de Europa, a la Holanda de los Gullit, Van Basten, Rijkaard, Van Breukelen, Kieft y compañía.

La imagen más potente del casi héroe de aquel mundial fue el portero argentino Sergio Goicoechea. Argentina llegó bajo el manto de Maradona que no llegó ni mucho menos a la exhibición de 4 años antes en México, y el oportunismo de Caniggia. Pero fue el discutido arquero albiceleste quién desempeñó el papel desequilibrante desde los lanzamientos del punto de penalti. Desde allí eliminó a la Yugoslavia de Stoikovic en cuartos y a Italia le detuvo el cuarto a Donadoni  y el  quinto penalti a Aldo Serena.

El partido de la final mantuvo el empate hasta los minutos finales. La sombra de la resolución en la tanda de penaltis vagaba por el Olímpico de Roma. Entonces un penalti a Voeller aún discutido lo transformó Brehme y le dejó a Goicoechea fuera del lugar donde habitan sólo los grandes héroes. Lo que el punto de penalti le dio, también se lo retiró.

La competencia con Sergio Goicoechea en el podio de los casi dioses es cerrada. El italiano Toto Schilacci no estaba destinado para tan alto honor. El pequeño delantero de la Juventus comenzó como suplente, pero su gol salvador en el partido que inauguraba la participación de los anfitriones ante Austria le dejó en el centro de la escena transalpina aquel verano. El equipo estaba hecho para que brillaran los Vialli, Baggio, Donadoni o Giannini, pero un jugador limitado sin los destellos de muchos de sus compañeros se echó el equipo a las espaldas.

Mientras algunos no pudieron con la enorme responsabilidad del anfitrión él utilizó sus virtudes para asaltar el Olimpo futbolero italiano. Máximo goleador del campeonato, paró su ascensión a los cielos una noche napolitana en una tanda de penaltis que escoció a todo un país.

Lineker mantuvo el pulso del león inglés. Inglaterra llegó hasta el fondo de la pista, pero sólo pudo ser cuarto después de que Pearce y Waddle fallaran en la tanda de penaltis. Aquel año Lineker compitió por el liderazgo inglés con David Platt y un juvenil Paul Gascoigne. Sus lágrimas en los cuartos contra Camerún después de la tarjeta que le alejaba de las semifinales fue una de las imágenes del torneo. Pero la estrella era Lineker y en la historia dejó su estela de gran goleador y nada más. Sin títulos no hay paraíso.

Otros leones. Los indomables de Camerún movieron los cimientos futbolísticos al llegar a cuartos y obligar a Inglaterra a jugar con la fortuna para dejar la revolución africana para más adelante. Su estrella era Roger Milla. Con el misterio de su edad todavía en el aire, dicen que entonces ya tenía 37. Un delantero que ya apareció en el mundial de España en 1982, y aún tuvo vigor para asomar 4 años después del verano italiano en EE.UU. Milla anotó dos goles a Rumania en la primera fase, y otros dos a Colombia en cuartos, uno de ellos el famoso robo de balón a René Higuita dejando la jugada en ese punto medio entre lo listo que era el veterano, y lo temerario del arquero cafetero. Camerún tuvo las semifinales al alcance de la mano, pero Lineker cerró el asunto en un arreón de esos que los comentaristas del momento lo colgaron de la percha de la experiencia.

Otros héroes ocasionales que aquel verano tuvieron noches que podían haber preludiado la leyenda fueron el checoslovaco Skuravy que anotó goles y se labró un buen contrato en el Genoa, el yugoslavo Stoikovic que él solito remató a España primero en jugada y luego en un golpe franco. Días después tiraba fuera un penalti contra Argentina y adiós a la eternidad.

El español Michel anotó cuatro goles y un hat trick histórico a Corea del Sur en la famosa noche donde una cámara capturó su grito de “me lo merezco”. Y por último la inolvidable narración del comentarista colombiano cuando la entonces exótica selección nacional empataba a Alemania  con un gol de Freddy Rincón que daba el pase al combinado americano a octavos de final. “Dios es colombiano”, sentenció en su momento desatado por la euforia. Días después Dios cambió de continente y el camerunés Roger Milla ahogó aquel júbilo.

Y por cierto, como comenzaba la crónica de este mundial hablando de historia cierro con lo mismo, pero en otro sentido. En este campeonato Checoslovaquia, Yugoslavia y la Unión Soviética pusieron fin a su participación como naciones en el sentido que se les conocía hasta ese momento. Los movimientos políticos de diverso índole dieron lugar a un ramillete de selecciones. Chequia y Eslovaquia, por un lado. Serbia, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Bosnia, Montenegro y finalmente Kosovo por otro. Y de la Unión Soviética la lista es interminable. En la Confederación Europea cayeron Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Letonia, Estonia, Lituania, Moldavia, Armenia, Kazajistán, Georgia y Azerbaiyán. Y en Asia, otras cuatro Kirguistán Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s