Casi Héroes (IV). La otra historia de los Mundiales de fútbol. México 1986

México 1986

El segundo mundial mexicano nacía bajo el signo de la carambola y de la nostalgia. Carambola porque este Mundial fue concedido por la FIFA a Colombia. El país americano sufría por aquel entonces una situación nacional extremadamente delicada. Narcotráfico y guerrilla tenían sumido al país en el caos y violencia. Como sea que fuera, la FIFA argumentó una solución. El Mundial se celebraría en América, y México fue la elegida bajo la sombra del imborrable recuerdo del Mundial del 70, donde la Brasil del último Pelé dejó escrita una de las páginas más brillantes de la historia del fútbol.

Aquel verano de 1986 asistió al relevo de ese título tan subjetivo dentro de un juego colectivo que se concede a un único jugador. El título del más grande, y ahí apareció Diego Maradona con su 10 a la espalda para hacer algo que nadie jamás ha hecho en la historia del fútbol. Diego se rodeó de un equipo aguerrido, un buen portero, una defensa liderada por Ruggeri, un centro del campo trabajador, con el talento de Burruchaga como catalizador, los goles de Jorge Valdano y él para desequilibrar y aparecer cuando sólo algo genial podía modificar el estado de las cosas.

Este relato va de contar los casi héroes y comienzo hablando del superhéroe por antonomasia del futbol moderno, pero hablar de Mexico 86 y no dedicar un par de párrafos a Maradona es equivalente a hablar del aire que respiramos y no hacer una breve referencia al oxígeno. Fue el Mundial de Maradona.

Centrándome en lo casi héroes del evento mundial azteca acudo por deferencia al finalista y me cuesta encontrarlo. Alemania llegó hasta las semifinales en ese modo de racanería futbolística de muchas de sus participaciones. Realmente no cuajó un partido completo hasta que en aquel partido terminara, otra vez, con una de las mejores generaciones de futbolistas franceses. Si aquel Mundial hubiera caído del lado alemán la historia recordaría los goles decisivos de Rudi Voller, alguno hubiera recordado a Klaus Allofs, o quizá a Pierre Litbarkski. Pero sin duda la imagen de Alemania era Klaus Heinz Rummenigge. Un rey sin corona. Perdió las dos finales que disputó, y en México alternó lesiones con goles decisivos. En realidad ese fue siempre su estilo, tanto en el Bayern como en el Inter de Milán que fueron los dos equipos principales que desarrolló su carrera.

Pero para mí la imagen más poderosa del hombre que pudo reinar y subir a los cielos del Olimpo de los mundiales fue Michel Platini. Francia venía forjando una generación de futbolistas inolvidables. De hecho acudieron a la cita en condición de campeones de Europa en el título que consiguió en el Parque de los Principes frente a la España de Arconada. Tigana, Giresse, Fernandez, Tressor y Rocheteau acompañaban al inolvidable 10 francés en la gesta. Pero igual que 4 años antes su muro fue Alemania en semifinales. En ocasiones el peso de la historia puede más que otro tipo de valores. Y Platiní dijo adiós bajo el signo de la amargura. Eso sí en cuartos Michel tumbó a la Brasil que venía con el recuerdo de su exhibición en suelo mexicano en 1970 con el único gol que encajó el portero brasilero Carlos.

Bélgica se presentó con un buen equipo. Los ídolos del pasando como Ceulemans y Vercauteren dieron la bienvenida al talento de Enzo Scifo, pero el mejor era el portero. Jean Marie Pfaff. Un muro inexpugnable que paró a España en cuartos y solo cedió en las semifinales ante dos goles de Maradona de su indiscutible sello.

La gloria asomó al equipo español, y el jugador que emergió sobre todos los demás fue Emilio Butragueño. Una noche en Querétaro fue la escogida por el “Buitre” para presentarse en sociedad ante el mundo futbolístico y de qué modo. Cuatro goles para volar la dinamita danesa. España durmió aquella noche con el convencimiento de que todo era posible. Por primera vez en la historia Madrid salió a la calle para llenar las fuentes de Cibeles y Neptuno, ese es el origen de las actuales celebraciones, y el carácter español ya proyectaba las semifinales ante Argentina olvidándose de los cuartos de final ante Bélgica. Ceulemans y Pfaff neutralizaron el gol de Juan Señor. Luego el error de Eloy en la tanda de penaltis derribó todas las proyecciones previas. De nuevo topamos contra el molino de viento.

Hubo quién se topó con la inmensa calidad de un portero, y otros se estrellaron con la “Mano y la magia de Dios”. Gary Lineker acudió a aquel Mundial como un buen delantero que triunfaba en el mejor Everton de la historia y que iba camino de formar parte del FC Barcelona. Con la difusión del fútbol de aquellos tiempos, en realidad un desconocido salvo en las Islas Británicas, claro está. Y así transitó su participación hasta que Inglaterra se jugaba su futuro ante Polonia en la tercera jornada de la fase de clasificación. Antes había perdido frente a la Portugal de Diamantino y empatado ante Marruecos. Entonces Polonia sufrió un hat trick de Lineker.  Ya en octavos, otros dos goles para derribar a la Paraguay de Romerito y Cabañas. Y se plantaron en los cuartos de final ante Argentina con el reciente conflicto de las Malvinas como mar de fondo.

En aquel partido Gary acortó distancias a dos de los goles más recordados de la historia de futbol mundial. El primero cuando Maradona disputó un globo a Peter Shilton con pinta de que aquello no llegaba a ningún lado. El salto de Maradona se mezcló con su brazo encogido y el esfuerzo del guardameta inglés. De pronto, el balón coge la dirección del arco y Shilton se quedó solo en el  mundo reclamando el supuesto puñetazo que Diego dio al balón para tomar la dirección a gol. Luego las repeticiones y la fotografía desvelaría toda la verdad sobre el confuso lance.

Después de aquello el éxtasis. La “asistencia” del Negro Enrique a Maradona en su propio campo, y desde allí entre Trevor Steven, Samson, Hoddle y su acompañante en toda la carrera Peter Reid se plantó en la frontal del área. Fenwick y Butcher tampoco pudieron con él, y Shilton sucumbió ante el último amague, después el balón cayó en la red y nació la leyenda para siempre.

Entre los perdedores de este Mundial termino tocando a dos de las selecciones que mejor fútbol practicaron hasta que tropezaron con la crueldad de una competición que no atiende a demostraciones pasadas, ni a justicias compensadoras.

La Unión Soviética acudió a México con un combinado mayoritariamente compuesto por jugadores del exitoso Dinamo de Kiev. Un mes antes fueron campeones de la Recopa en Lyon ante el Atlético de Madrid que fue barrido por la magia de “Sacha” Zavarov y sobre todo la velocidad de Igor Belanov. Este último fue el que brilló con luz propia. Goles en la primera fase, pero en octavos de final ante Bélgica su equipo cayó a pesar del hat trick del velocísimo punta soviético. Un partido loco con un 4 a 3 final cortó la trayectoria de una selección que pintaba muy bien. De hecho dos años después jugó y perdió la final de la Eurocopa que ganó la Holanda de Van Basten y Gullit en Alemania.

Y por supuesto la dinamita roja de Dinamarca que en este Mundial tropezó de nuevo con España. Su primera fase ya mostró el poderío de Elkjaer Larssen y Michael Laudrup. Venció a Escocia y a Alemania. Destrozó a Uruguay, y llegó España. Se adelantaron en el marcador merced a un penalti de Jesper Olsen, y luego encajaron cinco tantos. Esa noche casi hacen presidente a Butragueño.

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