Casi Héroes (VII). La otra historia de los Mundiales de fútbol. Alemania 1974

El primer Mundial disputado en Alemania se distinguió por un cúmulo de efemérides que le dejan un lugar en la historia inolvidable. En cuanto a la competición el campeonato estrenaba trofeo. El tercer campeonato de Brasil en 1970 le dejó el mítico trofeo de Jules Rimet en propiedad. La copa que reflejaba una alegoría de la diosa griega de la victoria Niké y que originalmente se le llamó la Copa de la Victoria fue sustituida por que conocemos en nuestros días. La Copa Mundial de la FIFA en oro de 18 quilates con sus dos figuras humanas recibiendo al planeta tierra buscaba el mítico brazalete que la alzara al cielo por primera vez. Para tal ocasión es complicado igualar dos brazaletes en la disputa final como el de Franz Beckenbauer frente al de Johan Cruyff.

En lo cuanto a lo político deportivo la competición dio lugar a un encuentro reflejo de la historia del S.XX alemán. La República Federal frente a la Democrática. Oeste contra Este. Capitalismo frente a comunismo. Y simplificándolo mucho y aplicándole el filtro de la perspectiva que otorgan los años, ricos contra pobres. Los ricos ganaron la guerra final, los pobres mostraron con orgullo la victoria de la batalla. Los alemanes orientales ganaron en Hamburgo el mítico enfrentamiento merced a un gol de Sparwasser, entonces jugador del Magdeburgo.

Y por supuesto, el tercer aconteciendo mayúsculo fue la aparición de Holanda como potencia mayúscula del fútbol. En el lapso de tiempo que va desde el Mundial de México en 1970 hasta el 74, los equipos de los Países Bajos se habían subido en lo alto del tablero futbolístico europeo. Primero el Feyennord de Jansen y Van Hanegen, y luego el Ajax, por tres veces, de Cruyff, Rep, Neskeens y compañía habían dominado la Copa de Europa. En apenas unos años pasaron del amateurismo a marcar la pauta. Llegaba la Naranja Mecánica con su nuevo fútbol para marcar una línea en la historia. Lo único que les faltó fue el título frente a una Alemania basada en el Bayern de Munich que acababa de relevar al Ajax en la cima de Europa en una doble final agónica frente al Atlético de Madrid.

Aquella mítica final no se sabe si la ganó la República Federal Alemana  o simplemente la perdió Holanda. Esta frase no es mía, el concepto viene de un tal Johan Cruyff.

Y en base a esta frase y retomando el tema que compete estos escritos. Es decir, señalar a aquellos que acariciaron la gloria, que la vieron, que la soñaron y que bien, por asuntos propios o ajenos, dejaron su gesta en la historia abandonando la gloria para el vencedor. Por ese motivo y por algún otro más doy capítulo en este particular momento a los dos finalistas. Los dos ganaron y perdieron. Voy a tratar de razonarlo.

La propuesta holandesa era simplemente revolucionaria. Ese fútbol moderno, o fútbol total, o como cada cual lo defina consistía en algo similar a lo que hemos visto expuesto en equipos como Ajax o Barcelona. En muchos casos matizado, y posiblemente con menos grado de exposición.

Holanda tenía 10 jugadores, me dejo al guardameta a un lado, que te los podías encontrar en cualquier lugar del campo. Todo estaba determinado por dos aspectos. El primero, tirar la línea de fuera de juego tan arriba como la presión coordinada de todo el equipo permitiera. Achicaba los espacios al límite, y el acordeón permitía o robar el balón y salir al contraataque en masa y con ventaja, o simplemente recuperar el balón por un pase imposible al espacio (bien por off-side del oponente o porque aquel balón en juego simplemente no iba a nadie). Naturalmente, todo esto sobre el papel. El riesgo era alto.

El segundo aspecto, era una circulación de balón metódica, colectiva, aparentemente sosegada hasta que llegaba el cambio de ritmo del crack, o el balón al espacio de Van Hanegen…

Explicado así, si alguien me lee desde Barcelona o Amsterdam es muy posible que les suene un poco.

Pues bien, en nuestros días hacerlo bien tiene mérito. El que lo imita, incluso tiene un buen reconocimiento. Lo realmente importante de aquella Holanda es que fueron los pioneros. Más allá de los resultados hay partidos de aquel Mundial como el de Uruguay, Argentina o Brasil que el contraste fue apabullante.

Uruguay puede presumir que sólo encajó dos tantos. Pero el video delata fueras de juego de jugadores charrúas de hasta 3 y 4 jugadores por varios metros. Ni la vieron, ni se enteraron, ni se acercaron por el área de Jongbloed. La viva imagen de la impotencia, en ocasiones la sensación que se transmitía es que ambos equipos jugaban a deportes diferentes.

Contra Argentina el baile fue de escuela de futbol. Los albicelestes tenían un equipazo. Desde los Ayala, Heredia, Glaria, Wolf, Brindisi, Carnevali, Kempes o Houseman. La constelación de buenos futbolistas era sólo comparable al desastre técnico. Un triunvirato que llevó al equipo al caos. El partido contra Holanda fue un infierno. En una tertulia futbolística argentina glosaban sobre aquel partido y la bronca que se llevó el guardameta Carnevali por parte de Perfumo por sacar rápido cuando iban ya perdiendo. Más o menos el sentido era que una cosa es que nos ganen y otra que nos maten. Entiendan el uso del lenguaje desde el léxico habitual en el fútbol de los albicelestes

El partido decisivo contra Brasil que daba pase a la final, los Jairzicho, Rivelinho, Leivinha, Dirceu o Luis Pereira se emplearon a fondo para defender su histórico campeonato conseguido 4 años antes. El problema es que el apabulle era de tan nivel que aquella selección canarinha no pudo parar a la Naranja Mecánica ni a palos. Vaya exhibición de patadas y malas formas. A contra estilo, la sensación de impotencia rozó el patetismo.

La final fue otra película. La selección naranja pasó a la historia de todos modos y la perdió. Cruyff  disputó su último partido en el único Mundial que jugó, Neeskens convirtió el primer penalti pitado en una final de la Copa del Mundo. Y vaya usted a saber cuál sería el grado de idolatría que el mundo futbolístico tendría de aquellos hombres que propusieron la utopía y casi la abrazan con el laurel del éxito. Un penalti que transformó Breitner y un balón suelto que enganchó Gerd Muller asonó la rebeldía.

No obstante su victoria fue la implantación de una nueva filosofía. Origen del menotismo, de la de la tradición holandesa, de la mejor selección belga, del mejor Milan de la historia, la marca de la casa de Ajax y Barcelona, y referencia de referencias de todo lo que vemos ahora, con más o menos posesión de pelota, donde el espacio y la posición es la base de todo lo demás.

Por esto, y por todo lo contrario razono mi tesis sobre la “derrota” de los vencedores alemanes. Los germanos tenían un equipo basado en el reciente campeón de Europa que de paso se disponían a dominar el viejo continente durante tres ediciones consecutivas. Maier, Beckenbauer, Schwarzenbeck, Breitner, Gerd Muller y Hoenness, todos del Bayern estaban en la alineación germana en la gran final. El once lo completaron Berti Vogts y Rainer Bonhof del pujante Borussia Mönchengladbach. Bernd Hölzenbein y Jürgen Grabowski del Eintracht de Frankfurt. Y lo completaba el finísimo Overath del Colonia.

Un equipo que jugaba en casa, que debía cumplir la deuda pendiente para revalidar un título conseguido 20 años antes. Que jugaba en casa. Que fue de más a menos. Que se permitió perder su único partido en la primera fase con sus hermanos de la DDR y de paso evitaba el grupo de Brasil, Argentina y Holanda. Y que ya en la final remontó un gol que encajó en la primera jugada fruto del primer penalti de la historia en una final después de una circulación inicial de la pelota elaboradísima. Los alemanes no tocaron el balón, y ya perdían 1-0.

Abundando en más argumentos. Maier fue un portero legendario, Beckenbauer conseguía culminar una trayectoria ejemplar desde el liderazgo, Torpedo Muller jugó se segundo y último Mundial dejando el hito de 14 goles en dos citas.

Además, una generación saldaba cuentas de lo ocurrido en las dos ediciones anteriores, cuando fueron finalistas en Wembley ante Inglaterra y terceros en México tras ceder unas semifinales ante Italia de locos.

El rápido repaso de todos estos hitos acumulan ingredientes de sobra para entrar por la puerta de la gloria con derecho propio. Pero el mundo quería que ganara Holanda, y por primera vez en la historia, y quizá la única los perdedores de aquel presente ganaron el futuro, y después de 40 años la gente recuerda a la Naranja Mecánica. El título se quedó en casa, y la estrella en su camiseta, pero…

Después de tratar el gran acontecimiento que catalizó este Mundial claro que hubo nombres propios repartidos en diferentes seleccionados que se asomaron al cajón más alto del Olimpo futbolístico.

El primer nombre que me viene a la cabeza es el capitán de la selección de Polonía,  Kazimierz Deyna. Podría nombrar también al goleador de la competición Gregrorz Lato, pero el hombre por el que se movía toda la máquina polaca era el gran capitán. Los polacos alcanzaron su mejor clasificación histórica al terminar terceros, y no en vano aquella generación consiguió el oro olímpico en Munich 72, posteriormente fueron plata en Montreal 76. En aquella época los JJ.OO. los disputaban jugadores amateurs, el profesionalismo no existía en los países de la órbita comunista por lo que lo natural es que todos estos equipos coparan medallas.

Deyna fue el hombre que cambió el fútbol polaco y que en aquel Mundial se encontró con una semifinal ante los anfitriones con un campo anegado por el agua y en la que muchos cronistas del momento comentaron que jamás se tuvo que haber disputado. Perdieron 2 a 0 en un partido que se estrellaron contra el guardameta Sepp Maier.

Brasil defendió su título con actuaciones irregulares. Alternaron una primera fase donde sembraron dudas. El recuerdo de la exhibición del 70 no encontró comparación posible. Sobrevivían los Jairzinho, Rivelinho, pero la retirada de Pelé puso en crisis al futbol brasilero. Para colmo en el partido que daba acceso a la final frente a Holanda la apisonadora orange le pasó por encima y sacó la versión más violenta de los americanos. Sencillamente RIvelinho no pudo con el peso de aquel 10. Quizá imposible poder con esa empresa, y los canarinhos comenzaron su travesía por el desierto, hasta que 20 años después lograran pasar página al recuerdo de aquel Brasil del 70.

Otro nombre inolvidable de aquel Mundial fue Sparwasser. El centrocampista de la Alemania Oriental alcanzó el grado del héroe del deporte en su país por el gol que anotó en Hamburgo frente a sus hermanos alemanes y que supuso la victoria de los Orientales sobre los Occidentales. Aquel año Sparwasser había ganado con su club, el Magdeburgo, la Recopa de Europa frente al Milán, pero ese gol que anotó a Sepp Maier le dejó en una posición legendaria en su país. Sparwasser con el tiempo se hartó de la utilización política de aquel gol y en 1988 aprovechó un partido de veteranos jugado en la Alemania Occidental para quedarse al otro lado del muro.

Aquel verano de 1974 Alemania Oriental pasó primera de grupo y en la segunda fase topó con argentinos, brasileños y holandeses.  La hazaña quedó pen los libros de historia política y posiblemente en los del anecdotario futbolístico. El hombre que derrotó a los campeones del mundo era un hermano alemán.

Y por último destacar al goleador sueco Edstroem. Precursor de los Anderson, Brolin, Dhalin, Larsson, Blomquist y por supuesto Ibrahimovic. Aquel año sus goles dejaron a los nórdicos a las puestas de repetir la gesta de su Mundial en 1958. Una nueva generación de notables futbolistas asomaron al balcón de la élite. Su techo lo encontraron contra los anfitriones y la rutilante Polonia en las dos derrotas que encajaron en ese Mundial, quintos en la foto final su empate ante la Holanda de Cruyff dejó su candidatura en la primera fase a equipo a tomárselo en serio.

Aquel verano de 1974el mundo asistió al nacimiento del fútbol moderno, mientras Franz Beckenbauer levantó por primera vez la Copa Mundial de la Fifa. Aquel año, ganó La República Federal de Alemania, ganó Holanda, ganamos todos.

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2 comentarios en “Casi Héroes (VII). La otra historia de los Mundiales de fútbol. Alemania 1974

    1. Ya lo cuento en la Home del blog. EL fútbol como todo lo demás no vive asilado. Todo tiene que ver con todo, es imposible entender la Holanda del 74 sin situarlos en esa época. Igual que una serie, un película, una bora de teatro o un movimiento político. Por supuesto todo es subjetivo. En este caso el subjeto soy yo. Muchas gracias

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