Casi Héroes (VIII). La otra historia de los Mundiales de fútbol. México 1970

El Mundial regresaba a América y el acontecimiento tuvo todo el color y el calor que se esperaba. La tradición histórica de que un equipo americano siempre ganaba en su continente se cumpliría. Este Mundial pasó a la historia por ser el tercero alcanzado por Brasil y el ultimo que disputó el Pelé. Afortunadamente para el fútbol los brasileros eran algo más que el monstruoso jugador del Santos. La delantera de 5, o 3 + 2 es inolvidable para los amantes del fútbol. Desde los goles, la velocidad, la zancada y el regate de Jarizinho. La pierna izquierda soberbia de Rivelinho. La clase, regate y visión de Tostao. Y Gerson con una pierna izquierda privilegiada con capacidad para poner el balón donde quería, daba igual la distancia. Durante muchos años, equipos de todo el mundo hablaban de este Brasil como referencia de poderío futbolístico y talante ofensivo. El cine ilustra a equipos de aficionados en lugares diversos vistiendo esta camiseta como si de una estrella del rock se tratara. En su día un periodista de la BBC comentó algo así como que era grosero jugar tan bien al fútbol.

El Mundial azteca no fue únicamente el Mundial de Brasil. Fue el Mundial de la emoción con remontadas y prórrogas que pasaran a la historia por sus alternativa de puro disparate, y por supuesto el de las venganzas históricas. Alguna fuerza futbolística novedosa, como por ejemplo Perú que abría su década prodigiosa, y una final que discutía la supremacía del fútbol. En Juego la Copa de Jules Rimet, y la propiedad de la misma. Sería la última vez que se levantara el histórico trofeo de La Victoria. Y por cierto la primera en la que aparecieron las tarjetas amarillas y rojas como elementos sancionadores.

Vamos por partes. La imagen más fuerte sobre el Casi Héroe de la competición aparece sin duda en la gran final. Final de finales. Dos escuadras con dos mundiales cada uno. Por lo tanto el tercer título dejaría la copa original para siempre en su sala de trofeos. Dos tradiciones opuestas. La creatividad y carácter ofensivo de los americanos en frente del orden, la defensa y el contraataque de los “azzurri”. Por la época Italia estaba en lo alto del futbol europeo. A lo largo de la década de los 60 Inter de Milán  y AC Milán eran sus exponentes más exitosos. Italia asumía el estilo que implantó Helenio Herrera en el Inter y que tantos éxitos le dio a lo largo de los 60. Por ahí andaban los Fachetti o Burgnich en la zaga. Además el Inter aportaba a los Mazzola y Boniseggna. Incorporaciones del potente Cagliari como Albertosi, Domenghini y por supuesto la perla italiana Riva. Riva junto al milanista Rivera marcaban la diferencia cuando la cosa se ponía complicada. Hablando de Italia no les resultará extraño que las dos perlas no coincidieran frecuentemente en el once en aquel Mundial. Más recientemente podemos ver como los Totti, Baggio, Zola o Del Piero normalmente se han comportado como opciones alternativas, más que como una fuerza de choque. Complicado ver a Baggio y Zola a la vez. O Baggio- Del Piero, para posteriormente pasar al Totti-Del Piero. En Italia caba un “tricuartista”. La cosa se tiene que poner muy mal o muy clara para apostar por dos en el campo.

En la final, el 4 a 1 definitivo da la sensación que les barrieron sin más, pero el partido fue empatado hasta el minuto 66. Entonces los amarillos hallaron los espacios negados hasta ese momento.

Rivera y especialmente Riva eran la distinción de aquel equipo. El talento, los hombres que marcaron una época en competiciones domesticas y Europeas y que se estrellaron contra el gran Pelé en la oportunidad histórica de ascender a la gloria eterna.

El partido del campeonato se disputó entre Alemania e Italia en el estadio Azteca mexicano. Ambos equipos buscaban un puesto en la final ante el gran Brasil. Los 90 minutos se cumplieron con empate a 1 en lo alto. Un gol de Boniseggna fue igualado por el espíritu alemán en el minuto 90. El mazazo dio lugar a una prórroga de locos. Torpedo Muller abría la herida tansalpina en el 94, y cuando todo aprecía perdido,el zaguero Burgnich niveló y Riva asomó a la gloria cuando en el 104 hacía el tercer tanto italiano. Alemania no se rinde y de nuevo Muller igualaba el marcador. Pero un minuo después Rivera consuó la hazaña. Riva y Rivera pudieron pasar a la posteridad si la final hubiera pintado de otra manera, pero la derrota final enterró su ascenso a la posteridad.

Naturalmente que de esta semifinal se desprende varios ilustres perdedores. Sobre todos los demás, el hombre que marcaba el ritmo de aquella generación. Franz Beckenbauer simbolizaba el mando, el carácter y el ritmo de la eterna Alemania. En aquella época aún se emplazaba en el centro del campo, antes del gran éxito cuatro años después cuando seguía dirigiendo al equipo un poco más atrás, desde la zaga. Además en este partido en concreto Beckenbauer dio una de esas lecciones del fútbol de antaño. Con el hombro dislocado y un vendaje de trinchera aún empujaba a su equipo sin aparentes signos de dolor. La leyenda del káiser en la cima de su carrera. Elegante hasta con el brazo en cabestrillo.

Pero el hombre de aquel campeonato para los alemanes fue Gerd Muller. Anotó 10 goles, se quedó a tres de la mítica marca del Francés Fountaine en Suecia 1958 y flirteó con la leyenda que alcanzara cuatro años después.

Por otro lado Alemania, si consiguió en este Mundial vengar lo ocurrido en la final de Wembley ante Inglaterra. De nuevo en la prórroga, remontando 2 goles ingleses, con las alternativas de un partido que se desarrolló con la pasión de una final. En el estadio Nou Camp de León se consumó una venganza que iniciaba una tendencia prolongada en los años.

La otra gran venganza del campeonato fue ni más ni menos que la del Maracanazo de 1950. Veinte años sin medirse Uruguay y Brasil, y la plaza fue Guadalajara con el premio de la final para el vencedor. Uruguay aquel mundial había progresado a ritmo de defensa estajanovista y futbol canchero. Pasó la fase de grupos por la diferencia de goles frente a Suecia, en cuartos resistieron al fútbol de un buen equipo soviético merced a un gol de Víctor Espárrago en el minuto 117 y en semifinales no aguantaron a la máquina “canarinha”. Tres a uno final. Luego perdieron el tercer puesto frente a una desmoralizada Alemania.

Hablar de este Mundial y no hablar de la mejor parada de la historia en esta competiciónl es complicado. La discutida efeméride encontró el eco de un Brasil-Inglaterra y un cabezazo picado de Pelé. El chino Banks voló al palo para sacar un balón imposible. Luego cayó lesionado y ceció su lugar a Bonetti en la decisiva revancha ante Alemania. Pero el guardameta del Stoke, antes lo hizo en Leicester, no pudo revalidar la gloria conseguida 4 años antes. Aquí de lo que hablamos es que no cruzó el umbral por segunda vez. En la historia del fútbol inglés y mundial ya figura en un lugar de honor por los siglos de los siglos.

Y cierro sin olvidar el comienzo de la década prodigiosa del mejor Perú. Chupitaz, Gallardo, Sotil, luego fueron llegando Quiroga, Velazquez u Oblitas conformaron un equipo que además de aparecer con fuerza en la Copas del Mundo ganaron la Copa América de 1975. El mejor era el habilidoso Teófilo Cubillas que terminó la competencia con 5 goles en 4 partidos.

El cuarto de final ante Brasil fue un partido de los más bellos de la competición. El 4 a 2 final es el resultado de un partido de alternativas en el que Perú dio respuesta al gran Brasil al que obligó al máximo hasta que Jairzinho cerrara el partido cuando faltaba un cuarto de hora para el final.

Este Mundial será recordado por la hazaña del último Brasil victorioso con la marca de la casa, y por los goles que Pelé que nunca marcó. No es que el gran astro no anotara en la competición, que lo hizo hasta en 4 ocasiones, con un gol incluido en la final. Si no, por los que la historia le atribuye y salieron rozando el poste. El primero el famoso gol de Pelé desde el centro del campo. En la primera fase antes sobrepasar la línea que divide la cancha, prácticamente en el punto central del campo vio adelantado al portero de Checoslovaquia Viktor, y desde allí le sobrepasó y el balón salió fuera ante el retroceso desesperado del arquero. El segundo gol que no entró ocurrió en las semifinales contra Uruguay. Una antología del autopase sin tocar el balón. Un balón dividido entre él y el portero charrúa, un amague que funcionó con el mismo efecto que el que le da una puntadita para sobrepasar al portero rodeándole en carrera. Después con el balón en el lateral del área cruzar el balón para evitar al zaguero bajo palos, y ver como el balón salía lamiendo el poste derecho. Todo esto a una velocidad de ejecución que no correspondía a su tiempo. O’Rei cerraba su paso por los Mundiales en lo alto. Tres campeonatos en su palmarés, aunque su aportación en la segunda fue testimonial. Empezó ganando siendo un niño y se despidió de igual modo entre la admiración de propios y contrarios. Leyenda.

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