Casi Héroes (IX). La otra historia de los Mundiales de fútbol. Inglaterra 1966 (1p)

El futbol celebra su regreso a casa. “Footbal is coming home”. Por primera vez en la historia el Mundial se disputaba en el país donde se originó el gran deporte de nuestros días. La vanguardia mundial del momento encajaba en el país donde hacen de la tradición un ejercicio de orgullo diario. Así como el símbolo de un modo de concebir la vida donde encaja el progreso y las costumbres de siempre con la naturalidad que la reina pueDe tomar el té de las cinco con un rockero con el pelo de colores.

Desde el punto de vista visual, y regresando al fútbol, todavía hoy ver reportajes de aquel Mundial tiene el embrujo de ver imágenes, algunas en color y otras en blanco y negro, y observar detalles de todo tipo. Un balón rojo con las costuras a la antigua. Las estrellas del momento mostrando sus habilidades en foros como Wembley, Villa Park, Old Trafford o por ejemplo Goodison Park. Los escenarios de entonces, de antes y de ahora. Las estrellas que juegan, por narices las del momento.

La penúltima edición con el viejo trofeo de Jules Rimet en juego dio con un nuevo vencedor. Bobby Moore levantaba el ansiado trofeo en Wembley, ante la reina y ante un país que reverenció a sus héroes. Nunca Inglaterra llegó tan lejos, y la perspectiva del tiempo me da la facultad para asegurar que hasta nuestros días nunca más lo hizo. Lo que más se acercó fue la cuarta posición conseguida en Italia 1990. Desde aquel lejano 1966 en cada cita Mundial los “padres” del fútbol han alternado ausencias en las grandes citas con decepciones con mayor o menos honor.

En el anecdotario mundial es imposible no mencionar al perro Pickels. ¿Qué quién era? Pues fue el responsable de recuperar la copa robada tres meses antes de comenzar el campeonato. Los ingleses para promocionar el gran acontecimiento programaron una gira de la copa y cuando estaba expuesta en el Centro de exposiciones de Westmister el trofeo desapareció tras un descuido en la vigilancia. Scotland Yard en acción, un rescate fallido, y de pronto una semana después en un paseo de un tal David Corbett, el dueño del curioso animal, el trofeo apareció envuelto en un papel de periódico. El selectivo olfato de Pickels deshizo el entuerto y el ridículo. Su dueño fue premiado con 6.000 libras de la época, y el animal quedó inmortalizado lamiendo los platos de la cena de celebración de los campeones.

Por cierto el trofeo fue robado nuevamente en 1983 en Brasil, y nunca más volvió a aparecer. Parece ser que las tesis más trabajada es que el trofeo se fundiera, aunque las diversas versiones de los inculpados por el hecho deja en sus contradicciones la esperanza que alguien se la quedara para disfrute propio.

Regresando al campo exclusivamente deportivo la primera y única victoria inglesa tuvo héroes en todas las líneas y direcciones. Desde el  mítico Alf Ramsey en el banquillo, pasando por el considerado mejor defensa del mundo, Bobby Moore que fue el encargado de alzar con su brazalete la Copa al cielo londinense. La estrella Bobby Charlton con toda su leyenda sobre su espalda en Manchester, la tragedia de Múnich, los Bubsy’s Babes, la escalada del Man United  a la élite y por supuesto el hito de la Copa de Mundo.

Su hermano Jack, la jirafa, práctico y orgulloso. El guardameta del Leicester City Gordon Banks. Por supuesto que Geoff Hurst y sus tres goles en la final contra Alemania. Hurst comenzó la competición como suplente, pero el discutido rendimiento de Jimmy Greaves le dio un puesto en el once en el momento caliente de la competición. Cuentan en documentales que la afición inglesa no le gustaba la opción Hurst. Pero, en el fútbol pocas cosas tapan las bocas mejor que un gol. Imaginen tres en la gran final.

Por cierto el otro goleador de la final que acabó con 4 a 2 sobre Alemania fue Martin Peters. Y ya como curiosidad no puedo dejar de mencionar que los jugadores capitales de aquella final, todos pertenecían al West Ham United, el capitán Moore, y los goleadores Hurst y Peters.

Pero regresando a glosar sobre aquellos jugadores que rozaron la gloria en el mítico Wembley en aquel verano de 1966 sin duda no puedo comenzar por otros que no sea Alemania. Desde que alcanzaran el título en 1954 los germanos vagaban por las competiciones sin ofrecer un potencial real para la conquista. Aquel año una nueva generación irrumpía para acompañar a jugadores como el punta Uwe Seller, el portero TIlkovski o el zaguero Karl-Heinz Schnellinger Llegaban los Weber, Held, Emmerich, Hoettges y sobre todo Overath, Grawovski y por supuesto Beckenbauer.

El impacto fue tremendo. En la primera fase apearon del camino a España, Suiza y acompañaron a Argentina en la competición. En cuartos de final asolaron el fortín uruguayo con un contundente 4 a 0. Y en semifinales tuvieron que romper el sueño de la Araña Negra, Lev Yashine, y derrotar a los potentes soviéticos.

En la final de Wembley contra los anfitriones pasó de todo. Haller remontó el gol inicial de Hurst. Los ingleses tomaron la delantera y cuando el final estaba a punto de darles el título Weber, que en 53 partidos internacionales anotó sólo dos goles, dejó uno de ellos para mandar el partido al tiempo extra. El héroe inesperado se imponía al talento de Overath o de la nueva estrella Beckenbauer. Por supuesto que los goles y trayectoria de Uwe Seler tampoco le dejaban lejos de la coronación final. Pero llegó la prórroga de las prórrogas y los dos goles ilegales de Geoff Hurst. Uno de ellos es el famoso, el otro sirvió durante muchos años para nombrar un programa de humor que presentaba en exfutbolista Gary Lineker.

El decisivo fue el que Hurst mató a bocajarro ante Tilkovski, el balón dio en el larguero y a toda velocidad botó sobre la línea. Unos cantaron gol y otros lo negaron. El linier no lo señaló pero la presión de Wembley y la importancia de momento le hizo consultar al árbitro con su linier. El futuro sobre el banderín que no había levantado antes. Y ahora de palabra parece ser que concluyó con el árbitro que era gol. El colegiado se llamaba Gottfried Dienst, y era natural de Basilea, Suiza.

Alemania se volcó sobre el área inglesa sin suerte, y prácticamente en la jugada final una escapada de nuevo de Hurst descubre a media docena aficionados corriendo por la parte opuesta de la portería alemana por la que amenazaba el punta del West Ham. Tal y como sentenció para la historia televisiva británica “They think all is over”. Es decir, que se pensaban que todo había acabado, mientras Hurst fusilaba a Tilkovski. Por cierto la mítica frase del locutor de la BBC es el título del programa televisivo que alcanzó gran popularidad en los años 90 y que lo presentaba el nombrado Lineker.

El castigo del tiempo ha sido mayor que la afrenta de haber perdido esa final. Desde entonces, Alemania siempre ha fundido los plomos a los ingleses. Para empezar en unos memorables cuartos de final 4 años después en México. El empate en España 82 que les dejó fuera. En Italia 90 desde el dolor de una tanda de penaltis en la que Alemania progresó hacia su tercer título. Ya en Sudáfrica 2010 los alemanes humillaron por 4 goles a 1 a los ingleses en un encuentro que los destrozaron a la contra. No obstante con dos goles en contra inciales, Upson acortó distancias, y ahí llegó un tiro de Lampard, ya en el Chelsea pero originario también del West Ham. El balón toco el larguero botó ostensiblemente dentro del marco y el empate a 2 no fue concedido. Lo que el fútbol te da, siempre te lo va a cobrar. Eso es ley.

Continua.. Inglaterra 1966 (2 parte)

 

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