Casi Héroes (X). La otra historia de los Mundiales de fútbol. Inglaterra 1966 (2p)

Sigue.. Inglaterra 1966 (1 parte)

En el plano individual hubo un hombre que rozó los cielos. Emergió sobre todos los demás. Máximo goleador de la competición, anotó 9 goles y llevó a Portugal a la tercera plaza. La mejor posición de su historia.

Eusebio era un delantero todoterreno que militaba en el Benfica. Mozambiqueño de nacimiento era hábil, rápido, fuerte, poderoso por arriba y llevaba el gol en su ADN. Para colmo era líder.

En la primera fase Portugal fue un rodillo. Cayeron búlgaros, húngaros y en el tercer partido puso a la Brasil de un Pelé lesionado fuera de la competición. EL bi-campeón abandonó la competición prematuramente.

EL cuarto de final frente a Corea del Norte fue una locura que terminó con 5 a 3 final y donde los lusos remontaron un 0-3 inicial. Ese día en el Goodison Park de la ciudad de Liverpool Eusebio hizo cuatro dianas.

LA semifinal contra los ingleses Eusebio apretó a Inglaterra y Bobby Charlton puso los dos goles que arrojó el 2 a 1 final con goles de las grandes estrellas. EL último gol del luso lo anotaría en el tercer y cuarto puesto frente a la Unión Soviética.

Portugal regresaría a una cita mundial 20 años después en México, y con aquella generación basada en los éxitos del Benfica con Torres, Augusto, Simoes o Coluna expiró la gran oportunidad perdida. Nunca estuvieron tan cerca.

Otro nombre singularísimo de aquel campeonato fue el legendario guardameta soviético Lev Yashine. Recordado durante generaciones por su apodo basada en la indumentaria. LA “araña negra” era el gran nombre de una generación con éxitos a nivel europeo. Por la razón que sea en los mundiales siempre hay un contratiempo, un arbitraje, un partido clave o simplemente una mala actuación. Pero aquel equipo jugando en Inglaterra, con el telón de fondo de la Guerra Fría le daba un aurea de misterio especial. El portero moscovita pudo traspasar el umbral de su leyenda aquel verano. Nunca lo tuvo tan cerca. No obstante el equipo misterioso era mucho más que un portero asombroso. El ucraniano Valeri Porkurian hizo cuatro goles aquel año, y el delantero del Dinamo de Minsk Eduard Malofeyev anotó otros 3.

Este mundial será recordado por ser la primera vez que Asia daba un puñetazo en la mesa. Corea del Norte apareció en la competición como una de las cenicientas de la competición. Debutó en la competición contra sus correligionarios soviéticos, y el 3 a 0 final no dejó más sorpresa de ver un equipo arriesgado y endiabladamente rápido. Ya en el segundo partido lograron al filo del final en el minutos 88 empatar ante Chile con un gol de Z. P. Seung. En el tercer partido fue cuando ocurrió el cataclismo azzuro. Italia encajaba una de sus derrotas históricas que pusieron a los seleccionados en su casa con cierto aire de exagerados delincuentes. Era la época dorada de Inter y Milán en Europa, la primera. Y las estrellas del Calcio se vieron sorprendidos por un gol antes del descanso de I.P.Doo. No pudieron remontar ese gol, y Corea se mediría con Portugal en los cuartos de final. Desde entonces el fantasma coreano ha perseguido a Italia. En México 86, sus hermanos del sur se adelantaron en el marcador y el recuerdo inglés estuvo en el aire hasta que lograron sacudirse el empuje asiático. Lo que pasó en lo octavos de final del Mundial de Corea del Sur cuando los anfitriones se cargaron a los Baggio, Vieri y compañía posiblemente hay que darle el matiz del escandaloso arbitraje del ecuatoriano Byron Moreno con una colección de lances que avergonzaron al mundo.

Regresando a Inglaterra 1966 y al cruce con los portugueses los primeros 25 minutos de los coreanos fueron antológicos. Rápidos, incisivos, agresivos desarbolaron a Portugal con nada menos que con 3 goles. Despertó la bestia encarnada en Eusebio, y respondió con 4 de los 5 goles lusos y se acabó la epopeya.

Destacar a un jugador coreano en este caso es misión imposible. Aquellos jugadores aparecieron y como tal se marcharon. Un rayo de luz previo a la penumbra que se prolongó hasta Sudáfrica 2010. Allí llegaron para perder con Brasil Portugal y Costa de Marfil, encajaron 12 goles y anotaron 1. Quizá el fútbol 44 años después era casi otro deporte.

 

Hablar de este Mundial y no mencionar el partido de cuartos de final entre Inglaterra y Argentina es no pintar el cuadro completo. Aquel día un gol de Hurst dejó a los argentinos en el camino. Pero el acontecimiento ocurrió en el minuto 24 de la primera parte cuando un árbitro alemán expulsó al capitán americano Rattín por protestar. La escena es antológica. Se pidieron hasta intérpretes para aclarar al alemán que lo que hablaba el argentino era de puro canchero. Entonces los árbitros y parece ser que en especial los alemanes no admitían injerencia alguna. Rattin fue invitado a abandonar el campo, este Mundial fue el último sin tarjetas, pero si se podía expulsar a alguien. Rattín estuvo varios minutos en la banda siguiendo el partido entre el “vociferio” del público. En aquellos tiempos prácticamente a pie de campo. Después inició el camino hacia los vestuarios en el fondo de una de las porterías, los ingleses le tiraban chocolatinas, Rattin pasó por el córner y el banderín británico lo manoseó retorciéndolo. La cosa se puso peor hasta que finalmente despareció del campo.

Entonces Argentina no era una selección que daba el nivel en grandes acontecimientos. Si tenía un puñado de buenos jugadores, pero por las razones que sea la bandera americana del fútbol la habían levantado Uruguay primero por dos veces y los brasileños otras dos. Pero ese día en Wembley nació una rivalidad histórica. Desde entonces un Inglaterra-Argentina nunca volvió a ser lo mismo.

Y no puedo abandonar este final sin mencionar el batacazo brasileño. Después de los dos títulos precedentes en Suecia y Chile llegaron a Inglaterra con todo el glamour de Pelé y no puedo evitar mencionar a Garrincha. Pelé se lesionó en el primer encuentro ante Bulgaria, y con Brasil contra las cuerdas en el partido decisivo contra Portugal se arrastraba por el campo como la bandera de un equipo que se batía en retirada. Pelé esperaría 4 años para despedirse a lo grande, pero en aquel equipo también estaba el grandísimo extremo Garrincha. Ya tenía dos títulos, y en este mundial dejó su impronta en un enorme derechazo al ángulo frente a Bulgaria. Garrincha era el regate, el rey del amago, la fantasía. El que el defensa sabía que se le iba a marchar por la derecha, y se marchaba. Un futbolista de leyenda que se despidió de los mundiales en la patria del fútbol. Luego su equívoca manera de administrar su vida agrandó el mito del ídolo caído.

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