Casi Héroes (XI). La otra historia de los Mundiales de fútbol. Chile 1962

El mundial regresaba al continente americano. Después de dos ediciones disputadas en Europa, 12 años después del amargo Maracanazo en 1950, Brasil se disponía a reeditar la hazaña de conseguir el título conseguido en Suecia 4 años antes, y de paso borrar el amargor de su derrota más cruel.

En la edición anterior fue el único campeonato de una selección conseguía fuera de su continente en todo el S.XX. El presente siglo trajo entre sus modas y costumbres la tendencia inversa. De los cuatro disputados hasta la fecha sólo Italia en Alemania 2006 mantuvo la tendencia.

Brasil acudió  a Chile con los pesos pesados de su éxito 4 años antes. El guardameta Gilmar, Djalma Saltos –padre de Djalminha- y el veterano Nilton Santos, Zito, el merengue Didi, el fuera de categoría Garrincha, el colchonero Vava, el histórico Zagalo y por supuesto el gran Pelé.

Pelé acudía bajo la estrella de su papel en Suecia con apenas 17 años. En este Mundial llegó con 21 y ya era referencia. El temor hacia él ajustó los marcajes hasta el extremo, y en el partido inaugural ante México cayó lesionado, no sin antes anotar el único gol que dejó en el campeonato.

El mundial chileno es recordado por muchas cosas, pero sin duda hay tres aspectos que destacan sobre todos los demás. Por un lado la violencia con la que se empelaron muchos de sus equipos. La lesión de Pelé ante Méxcio fue la  espoleta de salida. El partido entre los uruguayos y los yugoslavos acabó entre manotazos y malas formas, pero el Chile-Italia se desarrolló bajo el signo de la batalla campal. Dos italianos fuera, y los anfitriones se salvaron bajo el dudoso punto de vista de un árbitro que no olvidaba quién era el local.

Salvo las soberbias actuaciones de los Maestros Húngaros en ediciones precedentes los países del Este de Europa no habían jugado papel relevante alguno. El Mundial de 1962 nos descubrió a Checoslovaquia que acabó segundo, Yugoslavía que alcanzó las semifinales, y Unión Soviética y Hungría que llegaron a los cuartos. Cuatro entre los 8 últimos, detrás del telón de acero el fútbol subía en competencia.

El tercer hito d este Mundial fue el considerarlo el Mundial de las ausencias, o leves presencias. Pelé ya comenté que estuvo presente, pero la decepción de su lesión en la primera cita aumentó la sensación de vacío. El ejemplo más significativo lo aunó la selección española. Sus clubes eran potencia en Europa, y buena parte de su poderío estaba basado en una política de repatriación/nacionalización que no terminó de redundar en una actuación a nivel de selecciones de mayor fuste del que se ofrecía en la época. España acudió aquel año con un seleccionado que ya era conocido como la ONU. El barcelonista Eulogio Martínez era paraguayo, el central del Madrid Santamaría uruguayo, Di Stéfano argentino y Ferenc Puskas húngaro. Y por cierto el gran Ladislao Kubala no acudió por una lesión de última hora.

Los monstruos eran los 3 últimos. Di Stéfano se quedó sin la oportunidad de jugar un Mundial. Su agitado devenir deportivo le dejó en la historia del fútbol como uno de los grandes con la particularidad de que nunca jugó un campeonato mundialista.  Argentina no acudió a las citas de 1950 y 1954 por diversos motivos. Y recordad que llegó a España el verano de 1953, pero no pudo debutar con la selección nacional hasta 1957. España no pudo clasificarse para el Mundial de 1958 en Suecia, y su última oportunidad era Chile ya con 36 años. Estuvo convocado pero una lesión en un amistoso previo le impidió si quiera disputar un solo minuto. Con España jugó en 31 ocasiones y durante mucho tiempo reinó su marca de goles, 23.

Puskas era un caso diferente. Chile 1962 fue su segunda aparición en un Mundial con la curiosidad de que sus dos apariciones vistió zamarras diferentes. Su paso por este campeonato fue testimonial. Entonces ya estaba metido en años, pero en el Madrid seguía siendo capital. Su aparición anterior fue con Hungría en 1954, y allí dictó algunas lecciones inolvidables. Su pierna izquierda y su disparo sigue siendo nombrado en los campos de juego en la actualidad por gente que ni siquiera sabe quién era. En el Mundial de 1958 no estuvo presente por problemas políticos. Los acontecimientos de Budapest en 1956 con el intento de revuelta y la invasión soviética como respuesta le cogió de gira con el Honved en Bilbao. Él y otros jugadores destacados como Kocsis, o Czibor decidieron no regresar y hacer camino por su lado.

Y por último Kubala. La cita chilena le cogió en el año de su retirada con el Barcelona donde su magia marcó una época. Ladislao Kubala jugó con la selección de Hungría, Checoslovaquia y España fruto del siglo XX político europeo. Pero en ningún caso jugo un Mundial. Tuvo más cerca acudir a Suecia 1958, pero España no logró el pase final, y 1962 quizá era demasiado tarde.

Regresando propiamente a la competición y al título brasileño, ya comentada la decepción de la ausencia de Pelé, los cariocas tenían intactas el resto de armas del pasado, en especial destacó las actuaciones del colchonero Vavá y del enorme Garrincha, y aún hubo espacio para el héroe inesperado. El delantero del Botafogo Amarildo. El jugador que sustituyó a Pelé y fue el hombre que tumbó a la España de la ONU cuando el partido entraba en los últimos 15 minutos y los canarinhos iban abajo en el marcador. Además un gol de la final, y ese encanto especial del héroe inesperado. Ese halo que en muchas ocasiones agranda la leyenda ante la diminuta realidad, pero en fútbol goles son goles, y Amarildo anotó 3 en la competencia y algunos de ellos vitales.

Vamos con los Casi Héroes los que anduvieron flilteardo con el sueño de la gloria, y es inexcusable comenzar con la primera generación del oro de lo que entonces se llamaba fútbol checoslovaco. Es decir, la de comienzos de los 60, no la que a mediados de los 70 ganó una Eurocopa frente a la Alemania campeona del mundo desde el punto de penalti con el mítico Panenka. Entonces acompañado por Nehoda, Viktor o Masny.

Checoslavaquia acudió al mundial chileno con el éxito de ser los terceros de Europa 2 años antes, y fueron incluidos en un grupo complicado junto a México, España y Brasil. Una victoria frente a España, un empate frente a Brasil y la derrota con los mexicanos les condujeron a los cuartos. El primer encuentro fue el importante, el segundo tuvo el mérito de empatar con los campeones del mundo, y en el tercer partido Masek anotó en la derrota de su equipo el gol más rápido de la historia de los Mundiales. Quince segundos necesitó para poner en ventaja a su equipo. El camino hacia la final dejó a húngaros en cuartos y yugoslavos en la semifinal con la miel de alzarse con el pseudo-título de alzarse con el liderazgo futbolístico del bloque comunista europeo. En la final, el gol de Masopust fue insuficiente para doblegar a los brasileños. Amarildo, Zito y Vava pusieron en evidencia al meta Schrojf, que en partidos precedentes estuvo a buen nivel.

Además de los jugadores nombrados anteriormente, especialmente Masopust y Masek destacaron Kadabra, Stibranyi, Popluhar y Lasdislav Novak.

Yugoslavia cuajó su mejor actuación histórica. Cuartos al perder la final de consolación ante los anfitriones chilenos. Los yugoslavos comenzaron perdiendo ante la Unión Soviética. El segundo encuentro de grupo se presentaba clave, y la batalla de Arica frente a uruguayos tuvo algo más que fútbol. Sea como fuere Skoblar, Galic y Jerkovic remontaron un gol inicial de Cabrera. La exhibición ante Colombia y la histórica victoria frente a Alemania merced a un gol de Radakovic les aupó a las semifinales. En las semifinales el gol de Jerkovic sirvió para rozar el Olimpo y llevar el histórico encuentro con empate a uno a los 10 minutos finales. Entonces el checoslovaco Scherer cortó de raíz el ascenso a la posteridad.

Chile también fue uno de los equipos que alcanzó su mejor posición de todos los tiempos, aunque durante aquellos 17 días de junio de 1962 un pueblo soñó con el campeonato. Su techo los encontró en el estadio Nacional de Santiago contra la campeona Brasil. El héroe de aquella selección se llábana Leonel Sánchez que con 4 goles aupó al equipo hasta las semifinales. Leonel era un delantero de padre boxeador que arrancó el campeonato anotando 2 goles a Suiza. Después, en la batalla de Santiago frente a Italia, en un partido en el que los europeos  se quedaron con 9 jugadores entre el  juego bronco de unos y otros, Leonel pasó a la historia por el tremendo derechazo que le propinó a Maschio, un centrocampista italiano. Avanzaron fase y en cuartos de final abrió el marcador frente a la potente Unión Soviética. Ya en semifinales puso la inquietud en el bando carioca al acercar a Chile en el marcador con el 3 a 2 a falta de media hora. El cuarto gol de Vavá termino dejó en ese punto la gesta.

Aquel junio Hungría se quedó lejos de alcanzar cotas pasadas, los cuatro goles anotados por el soberbio Florian Albert no fueron suficientes argumentos para llegar más lejos. Albert fue uno de esos jugadores históricos de largo alcance. Mejor jugador europeo en 1967 desde el prestigioso Ferencvaros húngaro de la época. Anoto 31 goles con su selección, en la que disputó 75 partidos internacionales. Este número de internacionalidades ahora ya sería una buena marca, en la época era sólo para los elegidos. En este campeonato sus goles le sirvieron para alzarse con la bota de oro del campeonato chileno. Este galardón es el más compartido de la historia. Jerkovic, Vava, Garrincha, Leonel Sánchez y Valentin Ivanov anotaron el mismo número de goles que Albert.

Por allí asomó una generación de ingleses que cuatro años después marcaron un hito en su historia. Bobby Charlton, Jimmy Greaves o el prestigioso Ron Flowers. Este último fue el único que se quedó sin jugar el Mundial del éxito inglés 4 años después. La historia cuenta que un problema de salud de Bobby Charlton para la final le daría esa opción. Charlton se recuperó y Flowers se quedó en un papel secundario. Pero en esta cita los tres eran la base del equipo inglés. Los cuartos de final ante Brasil rompió el ascenso, la gloria debía esperar.

Y cierro con el colombiano Coll. La selección cafetera debutaba en un Mundial y sería osado reflejar que pudieron llegar mucho más lejos que la meritoria clasificación. Nombro a Coll porque en el partido que terminó con el empate con más goles de la historia en una fase final, a cuatro con la Unión Soviética, ocurrió una de esas efemérides que ya constan en la historia del fútbol. Cuando el rodillo soviético trabajaba de modo impenitente con un 4 a 1 a favor Colombia se disponía a sacar un saque de esquina. Marcos Coll lo lanzó al primer palo, tampoco con excesiva potencia, el balón botó un metro delante del defensa que cuidaba el primer palo, mientras el meta Yashine confiaba en el despeje, el defensa se lo comió y gol olímpico. El único de la historia, no fue el más bonito, ni el más limpio, pero fue y nadie fue capaz de anotar otro.

Una máxima de fútbol. La belleza del gol y el resultado en ocasiones abandona otros ornamentos. El Mundial que pudo ver a Pelé, Puskas, Di Stéfano, Kubala, Albert, Flowers, Charlton y tantos otros que ni siquiera clasificaron se quedó con las ganas de juntar a tanta leyenda. En su lugar, nombres nuevos y héroes ocasionales como la evolución natural de la propia vida.

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