Polémica del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Crónica comentada a través de sus canciones

Knockin’ on the heaven’s door

Mientras la Academia sueca lleva llamando a las puertas del cielo unos días para que su eminencia Robert Allen Zimmerman se ponga al teléfono y comunique su voluntad de aceptar cheque y premio, o sólo cheque, o ninguna de las dos, el mundo cultural anda revuelto con la concesión del Premio Nobel de Literatura al músico y letrista norteamericano.

Blowing in the wind

En el aire sopla cierto viento entre los “modernos” que ven con buenos ojos la concesión del Premio Nobel de Literatura a Dylan. Sumo sacerdote del mester de juglaría allí cuando en los años 60 proclamara que los tiempos estaban cambiando.

The times they’re a changing

Posiblemente muchos de los que lo defienden ahora mismo no saben muy bien de lo que hablaba Dylan en su momento, desde que posición lo hacía, y ni remota idea de dónde anda ahora.O quizá sí.

De lo que hablaba eran de historias hiper-realistas. Arrancaba de una historia minúscula, por ejemplo de un boxeador, de un ex-recluso o de un joven con un entorno familiar convulso y le enfrentaba al gran mundo con la derrota asegurada. Historias de perdedores dentro de un clima, el de finales de los 60, que estaba en pleno proceso de cambios en diversos órdenes.

Con una voz muy personal, que es lo que se suele decir cuando no hay otra cualidad que destacar, se convirtió en los 60 en la banda sonora del anti-establisment de los universitarios norteamericanos junto a Joan Baez. Desde una posición acomodada pusieron guitarra y verso al movimiento anti-Vietnam, todo bien mezcladito con el problema racial latente y la injusticia social. En realidad protestaban por el mundo que sus padres dominaban. En frente, igual que pasó en la Francia del 68 crecía la voz de los anti-sistema lejos de la comodidad del que se podía permitir ir a la universidad. La clase trabajadora más representada por ejemplo sin marcharme de los Estados Unidos por las letras que posteriormente sudaba Springsteen.

¿Los tiempos están cambiando?

En la actualidad Dylan anda enrolado en seguir explorando su música ya en el ocaso de su carrera y haciendo dinerito en campañas de publicidad mayúsculas. Si hay un anuncio publicitario cotizado durante el año televisivo en Estados Unidos son los espacios alrededor del acontecimiento deportivo de la Super Bowl. Pues adivinen quien era la cara de Chrysler el pasado año. Si el premio tiene un componente cultural para alguien que abanderó una época no sé hasta qué punto dentro de esa balanza se puede evaluar o no la desaparecida coherencia.

Seguramente el premio está alineado con ese pensamiento invasivo que contempla al joven rebelde como lo adecuado al momento, pero que los años le han hecho tocar la tierra del mundo real y se ha vuelto más razonable. Lo contrario sería un joven sin aspiraciones y un adulto loco.

Pero no deja de ser una paradoja para quién puso a los pies de los caballos el mundo capitalista que se planteaba en la época, se suba a ese mismo equino de la consumación de un panorama general donde el capital y los pobres se empeñan en ganar distancia.

Like a rolling stone

Lo mismo los tiempos que advertían tanto cambio simplemente le han llevado Like a rolling stone al mismo lugar donde andábamos. Con otro estilo o el mismo. Pero a lo mejor no se han modificado tantas cosas. Y esto es un argumento que se esgrime sobre la crítica del preciado galardón. ¿Por qué Dylan es lo moderno y Paul Auster por poner un ejemplo lo antiguo? En general en este mundo de RR.SS. gusta mucho que un cantante con letras comprometidas, con una voz discutida y una guitarra a medio camino entre el clásico country y el primer rock avance con su aire melancólico con la encerada alfombra de la Sala de Conciertos de Estocolmo a recibir el premio con el que sueña todo aquel que junta dos letras y aspira a publicarlas.

Master of war

Para los maestros de la Guerra y recordando la icónica canción del primer Dylan donde señalaba a aquellos que movían los hilos para desencadenar el conflicto en Vietnam, ya los advertía que por mucho que se escondieran detrás de sus escritorios él los podía ver.

Los que desaprueban una concesión tan alta para alguien que no pasa de contar canciones con cierto contenido social. En el fondo lo que subyace es que no se trata de un escritor. Y algunos incluso  dudan sobre la calidad de sus letras. Gritan a los cuatro vientos que no se puede dar un premio de este calado a alguien que no es propiamente un literato. Exponen que si lo que se premia es el compromiso de una época pues quizá se pueda buscar algún otro premio que pueda recibir. Irónicamente alguno propone darle el Balón de Oro, por ejemplo.Que no será por premios acumulados, entre otros 12 Grammys, 1 Oscar, 1 Globo de Oro, 1 Premio Pulitzer y por ejemplo el Premio Príncipe de Asturias.

Los más razonables establecen comparativas con los Vargas Llosa o García Márquez simplemente por apuntar dos de los extraños aciertos de la vetusta academia sueca. Por otro lado reivindican a grandes autores, verdaderos escritores de altísima calidad, actuales y modernos que vagan por nuestro mundo a la espera del reconocimiento merecido. Ya nombré a Paul Auster, pero por ahí anda en las quinielas de cada año, el señor Mukarami o Ian McEwan, por ejemplo. El histórico nos revela como grandes nombres se quedaron sin el máximo premio literario que el mundo de nuestro tiempo reconoce como Borges, Green  o Mishima. Hay muchos más.

La discusión sobre el galardón en cuestión desata un debate prácticamente cada año. Es raro encontrar unanimidad al respecto. Las acusaciones más frecuentes es que o no lo conoce nadie, o quizá demasiado.

Hurricane

Como un huracán aparece en la otra esquina del “ring” los que defiende argumentos sobre la calidad de sus textos, la reivindicación del juglar o el bardo dentro del mundo de las letras. La literatura no es cantidad es calidad. Y una letrilla de 4 estrofas puede comunicar tres veces más que dos tomos de detallada prosa. En España pensar en Dylan es pensar en Sabina, en Serrat,… Estos días pasados Sabina se apuntaba el tanto de su pronóstico cumplido años atrás y pedía el Cervantes para Joan Manuel Serrat. Pérez Reverte pedía la inclusión de Sabina en la Real Academia de la Lengua. Y el crítico musical Julián Ruiz reivindicaba una frase premonitoria y bella de otro nobel, el mexicano Octavio Paz: “La poesía podría ser tanto un poema como un lienzo, un jarrón de la dinastía Ming o, simplemente, una canción de Bob Dylan”.

It’s all right Ma

Y termino con una estrofa de otro mítico tema como It’s all right Ma. Porque leo argumentos y a todos les encuentro razones perfectamente defendibles. Entiendo que año tras año la polémica está servida, aunque sea simplemente desde el punto de vista matemático. Hay más aspirantes que premios. La discusión es vida, y en este tema el señor Zimmerman rescataba un verso, un aforismo o una letrilla como cada uno lo quiera considerar que decía “That he not busy being born is busy dying”. El que no está ocupado naciendo está ocupado muriéndose.

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