¿Quién ha matado a Rita?

La pasada semana el país sufrió una de esas sacudidas políticas que cogió a todo el mundo con el pie cambiado. La senadora y exalcaldesa de Valencia Rita Barberá fallecía en un hotel de Madrid debido a un episodio cardiovascular fatal.

Es de sobra conocido el momento por el que Rita pasaba en los últimos dos años. La que fue uno de los emblemas del PP, símbolo del arrollador impulso del partido de la gaviota desde la Comunidad valenciana. Una de las chicas de Aznar. Una mujer de partido, con carácter que ejerció con mano firme su incuestionable liderazgo desde la alcaldía de Valencia. Vital en el famoso Congreso de Valencia cuando Rajoy se tambaleaba ante la ambiciones de otros barones destacados del partido en tiempos donde Zapatero derrotó en dos elecciones consecutivas al actual presidente.

Los procesos judiciales abiertos en todo el entorno Popular en Valencia en los últimos años han hecho rodar unas pocas de cabezas. Uno ya se pierde entre Comunidad y alcaldías de varias localidades. Rita estaba rodeada de casos de diverso fuste. Con ese clima llegaron las elecciones municipales y allí sacó más votos que nadie, pero perdió el gobierno de la ciudad. Y allí comenzó su caída.

Por un lado la política. Los compañeros de partido que en otro tiempo le rendían pleitesía por donde pasaba. Todos aquellos que la buscaban en foros públicos y privados para buscar esa foto y ese saludo buscando poder o posición. Comenzaron a negársela. Su llegada al Senado no hizo otra cosa que disparar esta corriente. Destacados dirigentes populares como por ejemplo Maroto y Hernando le indicaron amablemente la puerta de salida. Sus “aliados” Ciudadanos exigían su renuncia en las semanas donde el pacto de gobierno se estaba fraguando. Y el presidente Rajoy consintiendo por ausencia. Quien calla…

Sea como fuere es muy humano pensar que la sombra de la traición pudiera pasar por su cabeza.

Por otro lado oposición y prensa en general achuchaban lo suyo también. Pero no nos engañemos, eso es moneda común en política. Lo esperado incluso por ella.

En lo personal, el otro día pude ver como diferentes periodistas que acostumbran a cubrir la información en Valencia hablaban de una persona con cierto miedo para salir de casa. Lo mal que encajaba las críticas de la calle. Lo despistada que se le veía en el ejercicio individual del simple hecho de tomar un tren. Es decir desubicada en su nuevo rol político y ciudadano. Sin asistentes personales, ni jaleadores profesionales a su paso.

De alguna manera imaginé su burbuja. Esa que puede afectar a cualquiera que debe de cambiar de trabajo, al deportista que hace lo mismo desde los 15 a los 35 años, al preso que no toca la calle en 15 años y por supuesto al político encastillado en su cargo. Lo dejo en el aire porque sin conocer más da un poco de reparo abundar sobre este aspecto. Pero si la vida la entiendes de una única manera corres el riesgo de caerte cuanto te estalla la realidad.

 

Por otro lado algunos políticos decidían no guardar el minuto de silencio en su memoria. La justificación más sesuda hablaba de la improcedencia de rendir ¿honores de estado? En el Congreso de los Diputados.

De nuevo nos damos de hostias con la estúpida gestualidad. Me pregunto yo si es más importante ser activista que persona. Como si por rendir respetos por un fallecido con una causa judicial en el alero te pudiera hacer cómplice. O quizá te haría parecer blandito. Confundir adversario con enemigo. La nueva política rezumando la peor baba de la de toda la vida.

Mientras el personal movía las redes sociales justificando la lástima por su fallecimiento sin haber pasado por el juez. Pero si aún no había sido ni citada.

Momento ideal para que unos se acusen a otros de politizar el caso. Unos que buscaban la mínima excusa para poner sobre el tapete la presión de los medios, las penas de telediario y para reivindicar la figura de una política que días antes, durante el trascurso de la sesión de investidura de Mariano Rajoy, vagaba sin rumbo buscando el saludo del que no quería ofrecérselo a la luz de las cámaras.

Los de la nueva política de nuevo cometieron el error de dar el pie con las negación del minuto de silencia para mostrar los respetos por alguien recientemente fallecido. Puro sainete.

Que descolocado estaba todo el mundo. Entre los remordimientos de los propios y la falta de enfoque de los ajenos. Todos rozando el ridículo buscando la causa de una muerte sin que nadie aportara algo más allá de la pena por la traición de los suyos o la presión descomunal que ejercen los ajenos. Dicho sea de paso de ambos casos tenemos muchos vivos. Condenados por la justicia y sin ella.

No obstante la familia dicto sentencia. No quería al partido en el entierro. El que lo quiera entender quizá pueda sacar alguna conclusión al respecto. Luego se apuntaron bajo el manto de yo vengo como amigo y no como compañero de partido.

Lo bueno y lo malo para todos es que a estas alturas el foco de la actualidad nos deja el episodio camino del olvido. Todo esto quedará almacenado en el libro de la historia que años después nos apartará de lo que de verdad ocurrió. Rodeada por la corrupción, los suyos negaron al ídolo de otro tiempo, falleció cuando nadie lo esperaba y la clase política al completo no estuvo a la altura.

Lo peor. Yo ya estoy resignado con todo el tema de la memoria y la manipulación del pasado. Lo que es tristísimo es que la capacidad de juzgar el presente acaba detrás de la opinión del tonto de turno que queremos que gane en las urnas. Preferimos ser militantes que ciudadanos. Es decir, las cadenas a la libertad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s