Boicot a Trueba o historia la”anti-española” españolada

La reina de España pasa por ser la última producción de un tal Fernando Trueba. El oscarizado director de cine español ha presentado su última película bajo el signo del boicot de aquellos que le estaban esperando detrás de las múltiples esquinas que esconde las redes sociales.

Bueno la gran noticia es esa, y quizá la segunda sería despejar la incógnita de los pobres resultados en taquilla del último largometraje del director de cine madrileño. No está claro si la virulenta campaña emprendida contra su producción es la causa o quizá sea simplemente que la producción no interesa. Así de simple.

Parto de la base que aún no he visto la película. No es un género que en los últimos tiempos esté esperando que se estrene para acudir a verlo. Me conformo con navegar el devenir de los días y esperar a que más bien sea ella quién se cruce en mi camino. Entonces la veré.

He leído algunas críticas sobre ella. El denominador común sobre su factura es irregular. A ratos interesa, en ocasiones no está mal, y en otras se le va la mano. En lo que sí coinciden todas es de ser una de las películas más españolas de los últimos tiempos. Reivindica a los grandes profesionales secundarios del gremio. La historia se plantea desde el seno de una de esas mega-producciones planteadas por directores de cine norteamericanos en la España de mediados del S.XX. Entonces se alumbraron Los Espartaco, 55 Días en Pekín, La caída del Imperio del Romano,…

Pues bien, la trama se desarrolla alrededor de una de esa fallidas producciones que se quedó en el proyecto sobre la reina Isabel La Católica. Todo aquel despliegue hollywoodiense se entremezcla con los grandes profesionales patrios de aquel momento. Y eso es el fondo que respira el metraje. Más allá de las historias que por allí aparecen e interpretaciones, de nuevo Trueba homenajea al cine español.

Con ese planteamiento, más allá de cuestiones puramente artísticas me quiero centrar en las paradojas de la campaña orquestada contra Trueba, los motivos, la reincidencia y la falta de libertad.

La campaña y los motivos lo voy a contar casi a la vez. Todo nace desde que Fernando recibiera el Premio Nacional de Cinematografía de 2015. Allí en su discurso lanzó mensajes de diverso calado. Por ejemplo dejó caer su impresión del porqué los ciudadanos cada vez estaban más lejos de sus estados. Conviene recordar el momento social español con la crisis campando a sus anchas y la clase política en la cima de la picota. Literalmente: “Muchos ciudadanos se desentienden del Estado porque éste se dedica a controlarte, castigarte y vigilarte, en vez de a defenderte y ayudarte a crear espacios donde la libertad y la creación puedan tener lugar y desarrollarse”.

Por otro lado marcó las líneas de la vieja aspiración de ver un cine y tv más independiente, más desligado del gobierno. Más libre. Referencias al gran Azcona, y mensajes sobre lo inmerecido del galardón recibido.

Todo esto no hubiera causado ningún revuelo especial en medios. Es decir, forma parte del discurso habitual de un intelectual recogiendo cualquier tipo de premio.

El problema para el ganador de un Oscar, varios Goyas y el Premio Europeo de Cine, entre otros fue cuando quiso hacer un guiño al carácter universal de la cultura. El viejo discurso del mundo sin fronteras, el reparto de sus influencias culturales por todo el planeta. Entre otras cosas comentó que disfrutaba tanto a Cervantes como a Diderot, Henry James o Balzac. Dentro de ese mensaje universal anti patriotero que en realidad puede esconder una crítica a los nacionalistas de distinto pelo la frase “no me he sentido español ni cinco minutos de mi vida” se extrajo del contexto, y comenzó a ser difundida por medios y redes sociales.

Se puede o no estar de acuerdo con lo que cualquiera diga, pero la idea es ir más allá del simple razonamiento de la traición a la Nación.

En este punto se unió el “paletamen” vigente de las redes sociales con los rencores guardados en las diferentes tribunas de prensa que esperaban el resbalón dialéctico del mismo modo que el estreno de la siguiente película.

El fenómeno es reincidente.  Que pregunten a los Almodovar, Bardem y Cruz, entre otros. El cine español anda pagando las cuotas de la rebeldía. Desde el “No a la guerra” a la respuesta por los ajustes/recortes de los gobiernos conservadores de los últimos tiempos. Se les acusa de que reciben  subvenciones de todos los españoles. Que por un lado no los reciben todos y ni mucho menos los importes llegan a lo que se aporta desde otros países, dicho sea de paso. Incluido Estados Unidos -que se revisen por ejemplo lo que Scorsese recibió de la ciudad de Nueva York por el rodaje de El Lobo de Wall Street-.

En cualquier caso el que argumenta por ahí se supone que viene a decir, que como recibes dinero te debes callar la boca. Es decir, ¿qué debemos ser esclavos de quién nos paga? Miedo me da.

Estos mismos tienen menos valor para meterse con un director como Bayona. Obligado a buscarse la vida por el mundo entero. Como tantos españolitos de a pie. En este caso su ascensión desde un barrio humilde de Barcelona consiguió con El orfanato atraer la atención del dinero privado para realizar Lo Imposible, y la conmovedora Un monstruo viene a verme. Para el año que viene veremos la segunda parte de Parque Jurásico.

Pues bien Bayona seguramente ha sido el más directo y corrosivo en los últimos años contra el “establisment” español y su trato hacia el cine y la cultura. Los pregoneros del régimen han demostrado bastante menos valor para meterse con el exitoso director. Un poco el mismo ejemplo que Alejandro Amenábar.

Es mucho más fácil meterse con el débil, el pequeño o directamente el genérico. Posiblemente muchos de los que hablan sobre la calidad del cine español no vieran las 3 últimas películas de Almodóvar, no saben que es la Isla mínima, un día vieron lo Imposible un sábado por la tarde que hacía un frio del carajo en la calle. Les suena un poco Iciar Bollaín, y cuando escuchan algo de Isabel Coixet no tienen muy claro quién es. Y quien lo sabe, no se acuerda de dos películas suyas.

Un poco de Bajo Ullóa, casi no se acuerdan de Julio Medem,  conocen a González Sinde por lo político pero a ver quién ha visto La suerte Dormida. Benito Zambrano, Achero Mañas, Fernando León de Aranoa, Daniel Sánchez Arévalo o Díaz Yanes medio les puede sonar. Tienen muy claro quién es Santiago Segura. Pero ni idea de Enrique Gato o Carlos Marques-Marcet.

Y podría seguir con muchos más. No se crean que he ido a buscar nombres en ninguna catacumba de cinéfilo empedernido. Me he limitado a citar a algunos de los últimos premios Goya. Que me disculpen los que no cité.

Y termino regresando a la Reina de España apuntando a la paradoja de cómo se puede boicotear una españolada de toda la vida por anti-española. Tiene narices, y unas gotas de rencor y no sé qué interés. Nada nacional ya les advierto a los patrioteros de placa y pistola.

En realidad personalmente un poco frito de la creciente falta de libertad de este país. Todo lo que uno diga se expone al juicio del patio de porteras en el que se ha convertido este país a través de las redes sociales al uso.  Por supuesto en connivencia con los medios de comunicación que comparten y reparten opinión haciéndose eco de lo pase o quieran. Es decir, propagan más que informan.

Se eleva la discrepancia a un juego de blancos y negros. Se desprecia los grises y por lo tanto la enriquecedora discusión. En definitiva el rollo es algo así como: “U opinas como yo o estas equivocado”. Así no se avanza.

No se respeta la diferencia, y uno comienza a añorar lo que ocurría por aquí en décadas anteriores. La palabra tolerancia sólo se utiliza dos o tres veces al año para cuadrarlo con el calendario de celebraciones de los días mundiales de lo que sea.

Uno que nunca ha tenido muy clara la conveniencia de la celebración del día mundial de tal o cual cosa va a terminar acogiéndose al plan de marketing mundial para reivindicar lo que debería practicarse 365 días al año.

E incluso cualquier artista tiene derecho a hacer una obra mala. Incluso ninguna buena de verdad. Uno puede crear y ser un mediocre toda su vida. En cualquiera de los casos, el poder lo tiene el público, la gente. El peor boicot es la falta de interés. Que nadie lo dude.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s