Del sueño de Obama. Luces y sombras.

La luz de Barack Obama se apagó, por el fondo aparece la luz cegadora de Donald Trump. Fin de una era e inicio de otra que pinta muy distinta. Hemos pasado de la esperanza del sueño de Martin Luther King al que asistimos hace ocho años a la inquietud generalizada de un nuevo tiempo que avisan de cambios sustanciales.

A la espera de Trump llega el momento de hacer un breve balance de la era Obama. Ocho años contradictorios. Luces y sombras. Entre lo que pudo ser y no fue. Lo que indiscutiblemente es, y lo que discutiblemente se ha podido hacer. A medio camino entre sus promesas y los hechos. Durante los últimos días he estado leyendo diversas visiones de personalidades de diverso corte acerca de su mandato. Y el abanico abre la visión desde la añoranza del que se acaba de marchar hasta la farsa de su completa obra. Vamos poco a poco.

En primer lugar arranco por algo que es incuestionable. Obama pasará a la historia por ser un presidente de inicios y finales. Me explico. Sus momentos más brillantes corresponden con el inicio de su mandato y por el modo de despedirse de él.

Obama llegó al poder después de una brillante campaña. El “Yes, we can”, tan manido en nuestros días irrumpió con poderío. Y la frase electoral abonó movilizaciones por todo el mundo. El primer presidente afroamericano de la historia de los Estados Unidos encarnaba el sueño de Martin Luther King. Del “Yes we can” al “I have a dream” despertó la esperanza de un nuevo tiempo que fue refrendado por el Premio Nobel de la Paz. Básicamente por ganar unas elecciones. El optimismo impactó de tal modo que durante unos meses pasaron a un segundo plano los candentes problemas de la época.

Y el final de Obama ha exaltado la imagen de hombre elegante, de generoso hacia los suyos, de mantener la ceremonia general de lo que todo el mundo espera que debe aportar el presidente de los Estados Unidos. En el sentido clásico de las polis griegas que valoraban el sentido de la estética. Alguien hermoso y bueno.

Y este aspecto es una de las cuestiones que viendo lo que viene vamos a echar de menos. De la elegante diplomacia pasaremos a la tosquedad básica. De ese aire de hombre de su tiempo en sus relaciones sociales con músicos, cineastas y personalidades destacadas de nuestros días a cierto tufillo egocéntrico del que mirando su ombligo toma la voz de todos los demás. Ese rollo fascistoide de atribuirse el silencio de los demás en su beneficio. La voz de los mudos, y cómo el que calla otorga,…

Pero regreso a la obra de Obama  durante su mandato. En el discurso de despedida el último inquilino de las Casa Blanca resumía su obra retomando su frase electoral. Del Yes we can (del nosotros podemos), al Yes we did (Lo hicimos). ¿Y que se ha hecho en realidad?

La primera paradoja sobre lo realizado es su promesa sobre el decrecimiento de la escalada bélica. Obama prometió remitir las acciones de guerra, abrir nuevos campos diplomáticos y otorgar en cada caso a distintos los países más responsabilidad sobre sus propios territorios.

En la realidad, si es cierto que los efectivos estadounidenses han decrecido considerablemente. Hace unos días leía que en Afganistán, Pakistán, Irak,… había un 10% menos de los efectivos que hace 8 años. Pero paradójicamente Obama pasará a la historia por ser uno de los poco presidentes de la historia que estuvo en guerra el completo mandato. Ni siquiera, Bush (los dos) o Franklin Delano Roosevelt consiguieron tal hito. El presidente de la paz paso todos sus días con tropas americanas destacadas en suelo enemigo. Y por otro lado el desconocido y siniestro impulso a las denominada guerra de los drones. Civiles muertos en diferentes localizaciones sin una explicación. No se sabe si respondían a una acción militar organizada, al error o al capricho del escarmiento. Por otro lado estos años tuvo que combatir con los escándalos de filtraciones más importantes de los últimos años.

Luces y sombras con sus promesas de Guantánamo. Al igual que con los escándalos con el wikileakes. Y sobre todo sombras de todo lo que se está cociendo en la guerra digital de los hackers.

Muchos interrogantes nos deja la nueva situación cubana. Emblemática la muerte de Fidel casi al final de su tiempo. El regreso a la Habana. El final del bloqueo, y para terminar su obra el postrero decreto donde finalizaba la alfombra roja que los Estados Unidos ponían a los exiliados cubanos que huían de la isla caribeña. Por aquí aún queda mucha tela por cortar. Veremos hacia donde gira, pero con Trump las posibilidades puedes oscilar desde el regreso a la tensión o al progresivo plan de implantar un modelo tipo Las Vegas en el caribe. Un poco la idea original de la Cuba de Batista. Hace ya más de medio siglo.

No se puede olvidar la caza de Bin Laden. Lo que no pudo hacer Bush, Obama lo consiguió. Muchos interrogantes sobre los detalle de la operación. Sospechosísimo el modo de deshacerse del cuerpo. Excesivo cuidado en borrar el rastro completo de todo aquello. Uno de esos episodios de la historia norteamericana que imagino que en los próximos años nos dejarán detalles que desmitifiquen el hecho en sí.  Lo cierto es que la obsesión de dar con el cabeza visible de Al-Qaeda desapareció bajo su mandato.

La crisis económica la trató con habilidad y ligereza. Tuvo cierta habilidad para salvar el momento inyectando dinero en el mercado y respaldando empresas en apuros. Un contraste con la esclerosis europea, que apostó por la austeridad como receta única.

El legado de Obama nos deja cierto impulso hacia medias sociales. Desde el respaldo al matrimonio igualitario, a decisiones como la inclusión de medidas para abaratar los anticonceptivos en su reforma sanitaria o la ley de derecho al aborto. La normativa federal para la igualdad salarial entre hombres y mujeres y otra contra la violencia doméstica. Una campaña en contra de las agresiones sexuales, proponer una reforma de la regulación de las armas o designar a dos mujeres como juezas del Tribunal Supremo. Y por supuesto el Obamacare, es decir el nuevo modelo de salud pública, una de sus grandes banderas. Desde el kilómetro cero de la era Trump ya se tambalea.

Veremos que sobrevive de todo esto en unos años, y algunas implementaciones son discutibles, pero la intención de su obra está ahí. Y con errores y aciertos. Con asuntos a medio cerrar, otros atados y unas pocas de sus promesas adaptadas a la rígida horma de la realidad hay un aspecto incuestionable basado en las formas y el talante.

Obama pasará a la historia de los Estados Unidos indiscutiblemente por ser el primer afroamericano en ejercer el más alto cargo del país. Además del privilegio de alimentar tras de sí la estela de la leyenda. Ese polvo de estrellas inexplicable por el cual el pueblo sigue recordando el accidentado mandato de menos de tres años de J.F. Kennedy y nadie recuerda un sólo minuto de los más de 5 años de su sucesor Lyndon Johnson. Obama es Historia.

Una última e inquietante reflexión. ¿Qué ha hecho Obama para que después de 8 años el pueblo norteamericano girara hacia una personalidad tan antagónica como Trump?

Ya saben. Preguntas simples suelen dar respuestas más complejas.

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